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martes, 11 de junio de 2013

La fiesta vive: ¿gracias a los reventadores o a pesar de ellos?


Cierto columnista de un medio emergente no ha visto mejor utilidad en sus hojas en blanco, que cargar en ellas con virulencia contra la afición de Madrid. Respetable, por cuanto la pluralidad de toreros, tauromaquias, conceptos y ENCASTES, es algo que caracteriza al aficionado. Salvando las evidentes distancias entre un premio Nóbel y un columnista irritado con un tendido, esta polémica me recordó un aparte del inmortal Muerte en la tarde, de Hemingway, escritor que subirá como una invocación entre nosotros cuando se acerque más San Fermín.

El toreo, es cierto, ha presentado a lo largo de su historia una serie de movimientos reventadores de las concepciones en boga. ¿Sobrevive el toreo gracias a los reventadores, o a pesar de ellos? Se puede pensar que hay unos conceptos eternos, y que el aficionado reventador vela para que no sean olvidados, a pesar de la continua transformación, porque sin estos conceptos de VERDAD, el toreo moriría en cuestión de una generación: la verdad es el único valor que sustenta a la tauromaquia. En últimas, lo que alguien opine negativamente, no tiene la fuerza para acabar con el toreo: de ser así, el monoencaste no existiría hoy; así que adjudicarle un poder tal a las críticas negativas, solo es irritabilidad, y una forma de evadir una polémica que debería ser más profunda. Sin más preámbulos, este exquisito aparte de Hemingway:

Toro de Valdefresno inexplicablemente rechazado para Beneficencia; cumple con todos los requerimientos de trapío, remate y edad. 


"De acuerdo con los historiadores, Pedro Romero, que fue torero en España por la época
de la revolución americana, mató cinco mil seiscientos toros recibiendo, entre los años 1771 y
1779, y murió en su cama a la edad de noventa y cinco años. Si eso es verdad, vivimos en una
época muy decadente, en que es un acontecimiento ver a un torero intentar solamente recibir
a un toro. Pero no sabemos los toros que Pedro Romero hubiera logrado recibir de intentar
pasárselos tan cerca como Juan Belmonte con la capa y la muleta. No sabemos tampoco, de
esos cinco mil toros, cuántos recibió correctamente, esperándolos con tranquilidad para
hundirles el estoque entre los omóplatos, ni cuántos recibió mal, echándose a un lado y
dejando que el estoque se hundiera en el cuello. Los historiadores hablan muy bien de todos
los toreros muertos. Si se lee una historia de los grandes toreros del pasado, parece imposible
que tuvieran una mala tarde o que decepcionaran jamás al público. Es posible que no le
decepcionaran nunca antes de 1873, porque yo no he tenido tiempo de leer las reseñas
contemporáneas de las corridas de antes de esa época. Pero, a partir de ese año, la corrida de
toros ha sido siempre vista por los cronistas contemporáneos como entrando en un período de
decadencia.

Durante la época de que se oye hoy hablar como de la edad de oro de todas las épocas
de oro, la de «Lagartijo» y «Frascuelo», que fue, además, realmente, una edad de oro, la
opinión más común era que las cosas estaban tomando mal cariz, que los toros eran cada vez
más pequeños y más jóvenes y que, si eran grandes, resultaban cobardes. «Lagartijo», se
decía, no es un gran matador; «Frascuelo», sí; pero es de una avaricia sórdida para su
cuadrilla y es intratable. «Lagartijo» fue expulsado de la plaza por la multitud en su última
aparición en Madrid.

Cuando llegamos en las crónicas a «Guerrita», otro héroe de la edad de oro que
corresponde al período inmediatamente anterior, simultáneo y posterior a la guerra
hispanoamericana, se lee todavía que los toros son pequeños y jóvenes; los bichos gigantes,
de bravura fenomenal, de los días de «Lagartijo» y de «Frascuelo», han desaparecido.
«Guerrita» no es «Lagartijo», leemos; es un sacrilegio compararlos, y todas esas monerías
floridas hacen estremecerse en sus tumbas a los que se acuerdan de la seriedad y de la honestidad (ya no se trata de avaricia) de «Frascuelo». El «Espartero» no vale nada y lo
prueba dejándose matar; finalmente, «Guerrita» se retira y todo el mundo se siente aliviado.
Ya están hartos de él, aunque, una vez que «Guerrita» ha desaparecido, la lidia se encuentra
en una crisis profunda. Los toros, ¡qué cosa más extraña!, se van haciendo cada vez más
pequeños y más jóvenes, o si son grandes, resultan cobardes. Mazzantini no vale nada; mata
tranquilamente, sí, pero no recibiendo, y no es capaz de salir de su manera de hacer con la
capa, y con la muleta es una inutilidad. Afortunadamente, Mazzantini se retira, y cuando don
Luis Mazzantini se ha retirado, he aquí que los toros se presentan cada vez más pequeños y
más jóvenes, salvo algunos que son enormes y cobardes, y más bien hechos para arrastrar
carretas que para el ruedo. Desaparecido aquel coloso del estoque que se llamó Mazzantini,
desaparecido «Guerrita», maestro de maestros, los recién llegados, como Ricardo Torres
«Bombita», «Machaquito» y Rafael «el Gallo», no son más que impostores que dominan la
plaza. «Bombita» domina los toros con la muleta y tiene una sonrisa agradable; pero no es
capaz de matar como mataba Mazzantini; «el Gallo» es ridículo y un gitano chalado;
«Machaquito» es bravo, pero ignorante, y sólo «es la suerte quien le salva», haciendo que los
toros sean realmente cada vez más jóvenes y más pequeños que aquellos bichos gigantes,
siempre bravos, del tiempo de «Lagartijo» y de Salvador Sánchez, «Frascuelo», al que ahora
se le llama siempre el Negro, apodo de amistad y no de insulto, y al que se recuerda por la
buena voluntad que mostraba para con todos.

Vicente Pastor es honesto y valeroso en la plaza, pero da un saltito cuando mata y se
pone enfermo de miedo antes de entrar a matar. Antonio Fuentes es elegante, magnifico
cuando pone banderillas; tiene un bonito estilo de matar, pero eso no quiere decir nada,
porque ¿quién no haría un trabajo elegante con los toros de nuestros días, que son mucho más
jóvenes y pequeños que en los tiempos de aquellos colosos sin defecto, «Lagartijo»,
«Frascuelo», el heroico «Espartero», el maestro de maestros «Guerrita» y el summum del
estoque, don Luis Mazzantini?

En esa época, dicho sea de paso, en que don Indalecio Mosquera fundó la plaza de
Madrid, sin importarle nada las corridas y sí la talla de los toros, las estadísticas muestran que
los toros eran por lo común los más grandes que se habían lidiado en Madrid.
Por entonces, Antonio Montes se dejó matar en Méjico, y en seguida se dieron cuenta de
que había sido el verdadero diestro de la época. Serio, magistral, Montes era capaz siempre de
dejaros contentos por el dinero que habíais pagado. Montes fue corneado por un pequeño toro
mejicano de flancos flacos y cuello largo, que levantó la cabeza en lugar de seguir la muleta
cuando le hundió la espada, y al volverse Montes, intentando escapar de la cuna corneal, el
cuerno derecho del toro le alcanzó entre las nalgas, lo lanzó a lo alto y le llevó, como si
hubiera estado sentado en un taburete –el cuerno desaparecía enteramente dentro de su
cuerpo– como unas cuatro yardas más lejos, hasta que el toro cayó muerto de la estocada.
Montes vivió cuatro días más después de la cogida.

Vino entonces «Joselito» que, cuando apareció, fue apodado Pasos Largos y atacado por
todos los admiradores de «Bombita», «Machaquito», Fuentes y Vicente Pastor.
Afortunadamente retirados todos éstos se habían hecho por consiguiente incomparables.
«Guerrita» decía: «Si queréis ver a Belmonte, corred a verle, porque no durará; ningún
hombre puede torear tan cerca de los toros». Pero al ver que seguía toreando cada vez más
cerca, se descubrió que los toros eran, por supuesto, parodia de los bichos gigantes que él,
«Guerrita», había matado. Se reconoció en la prensa que «Joselito» valía algo, pero se hizo
notar que no sabía poner banderillas más que de un lado, el derecho –los toros, por supuesto,
eran mucho más pequeños– y que persistía en ese defecto; que mataba teniendo el estoque
tan alto que algunos decían que se lo sacaba del sombrero y otros que se valía sencillamente
de él como de una prolongación de su nariz, y que, y eso era una verdad como un templo, fue
abucheado, silbado y bombardeado con almohadillas el último día que toreó en Madrid, el día
15 de mayo de 1920, cuando lidiaba a su segundo toro, después de haber cortado la oreja del
primero, y fue alcanzado en la cara por una almohadilla mientras la multitud gritaba: «¡Que se
vaya, que se vaya!» Al día siguiente, el 16 de mayo, «Joselito» murió en Talavera de la Reina
con el vientre abierto de una cornada, tan abierto que se le salían los intestinos. No era capaz
de retenerlos con las dos manos; pero murió del traumatismo originado por el shock de la
cornada, mientras los médicos trabajaban en la herida. Su rostro quedó tranquilo sobre la
mesa de operaciones, cuando murió; su cuñado se hizo retratar llevándose el pañuelo a los ojos; una turba de gitanos se lamentaban a la puerta y otros iban y venían. «El Gallo», fuera,
daba vueltas sin atreverse a entrar a ver a su hermano muerto, y Almendro, el banderillero,
decía:
–Si han podido matar a este hombre, os lo juro, ninguno de nosotros escapará. Ninguno
de nosotros.
Y Joselito se convirtió inmediatamente en la prensa, y sigue siéndolo todavía, en el más
grande torero de todos los tiempos, más grande que «Guerrita», que «Frascuelo», que
«Lagartijo», en opinión de los mismos hombres que cuando estaba vivo le atacaban. Belmonte
se retiró y se hizo más grande que el mismo «Joselito» al retirarse; volvió después de la
muerte de «Maera» y se descubrió que era un hombre ávido de dinero que quería explotar un
nombre ya famoso –es verdad que aquel año había hecho elegir sus toros–; lidió un año más
todavía, y juro que fue el mejor que tuvo; lidió toda clase de toros, sin distinción de talla,
triunfó en toda la línea, incluida la suerte de matar, en la que hasta entonces no había
adquirido un dominio perfecto y fue atacado por la prensa durante toda la temporada. Se
retiró de nuevo, después de una cornada casi mortal, y todos los testigos contemporáneos
están de acuerdo en reconocer que es el mayor torero viviente. Así se hace la historia, de
manera que no sabría decir lo que valía Pedro Romero en tanto que no leyese los testimonios
contemporáneos de antes, durante y después de su carrera, y dudo de que pudieran
encontrarse tales testimonios, aunque fuera en simples cartas particulares, para poder hacerse
un juicio válido.

Según las distintas fuentes que he consultado y según los testimonios coetáneos, la
época de los toros más grandes y de la verdadera edad de oro en Madrid fue la de «Lagartijo»
y «Frascuelo», los toreros más importantes de los últimos sesenta años, hasta la aparición de
«Joselito» y Belmonte. La época de «Guerrita» no fue la edad de oro; «Guerrita» fue
responsable de la introducción en la lidia de toros más jóvenes y pequeños –he comprobado su
peso y consultado las fotografías– y durante los doce años que duró su carrera, tuvo
solamente un buen año como torero: el de 1894. Los toros grandes volvieron a la plaza en la
época de «Machaquito», «Bombita», Vicente Pastor y «el Gallo» y la talla de los toros decreció
sensiblemente en la época de «Joselito» y Belmonte, aunque algunas veces lidiaron los dos la
clase de toros más grandes que se criaban. Ahora, los toros son grandes y viejos para los
matadores sin influencia y pequeños y jóvenes siempre que el torero sea lo suficientemente
poderoso como para meter mano o imponer sus preferencias en la elección. Los toros son todo
lo grandes que pueda producirlos la cría en Bilbao, a despecho de los matadores, y, en
general, los ganaderos andaluces envían los toros más grandes y más hermosos a Valencia
para la feria de julio. He visto a Belmonte y a Marcial Lalanda triunfar en Valencia con toros
que pudieran figurar entre los más grandes que se hayan lidiado nunca en la historia de la
fiesta brava.
Este resumen histórico ha comenzado con lamentaciones sobre la desaparición de la
suerte de matar recibiendo, que desaparece porque no se enseña ni se practica y, como el
público no la reclama, y es un arte difícil, que tiene que ser practicado, comprendido y
dominado porque es demasiado peligrosa para ser improvisada, los toreros, la dan de lado. Si
fuese practicada podría ser hecha con bastante frecuencia, siempre que se dejase a los toros
llegar al final de la lidia en un estado conveniente; pero toda suerte que puede ser
reemplazada aproximadamente por otra tan atractiva como ésa para el público, comportando
un riesgo menor de muerte si su ejecución falla, está condenada a desaparecer del ruedo, a
menos que el público no se la reclame a los toreros."

Ernest Hemingway, Muerte en la tarde.


¿Qué es lo que revela este imprescindible fragmento de Hemingway? ¿Acaso quienes criticaron a Lagartijo, fueron los mismos que tras su retiro lo alabaron? No ciertamente, a menos que Fuentes sea F. Bleu, por ejemplo: aquí, el escritor norteamericano reduce en un solo espíritu a la afición, espíritu que no sabe lo que quiere, y se revela ingenuo. Navalón puede criticar a El Juli y el insufrible Jose Morente alabarlo sin restricción, incluso hasta la estupidez, y allí tendremos a Hemingway concluyendo que el aficionado critica para después cambiar de parecer con el tiempo, comprobando la decadencia actual, o satisfaciendo una oscura necesidad de ver el toreo contemporáneo como malo, mientras al mismo tiempo sufre una ineludible añoranza por el tiempo pasado. Quizá, y así lo dice otra constante histórica, se culpe a la afición en lugar de al torero. 

¿Necesita la Fiesta al reventador? ¿Puede la tauromaquia vivir sin reventadores? En una época donde ser reventador es la única opción del aficionado ante el monoencaste, el monopolio, el destoreo, la simulación del tercio de varas, la trampa, el baile de corrales, las fundas, las ferias como grandes tramos de aburrimiento, la muerte de los encastes en los mataderos,  y ante todo, el surgimiento de una mafia que se radicaliza, decimos, cuesta imaginar cómo serían las cosas sin la existencia del reventador. No habría pudor alguno para mandar todo lo que no sea Domecq o Núñez a los mataderos fríos, como de hecho ocurre subrepticiamente hace algunos años con los encastes que "no dejar hacer arte" (¿cual arte?), porque dan miedo a algunos matadores; ni habría asomo de pudor tampoco, el más mínimo, para mentir sobre las estocadas de Julian. Da igual: como el maletilla, que inaugura este post con esa foto estremecedora,  la figura del reventador desaparecerá cuando no haya necesidad de llenar un espacio que el toro bravo requiere: el del aficionado al toreo, la pureza del toro bravo, y del torero con verdad. La histórica queja no ha sido por el pasado de oro, sino por el presente en ruinas.  

lunes, 10 de junio de 2013

LA RESPUESTA A TODO

El amargado se toma la libertad de reproducir en su totalidad esta columna de Javier Hernández. Pueden leerla en este link: http://www.cuadernostm.com/blog/la-respuesta-a-todo/

LA RESPUESTA A TODO

Por Javier Hernández

La respuesta a todo la ha dado José Antonio Choperita, a sus ochentaytantos, con sus achaques, con la clarividencia de quien ha gobernado el toreo y de quien siente que sus propios todavía no son dignos de relevo. A las doce de la madrugada fue. Y todavía no ha dimitido de su cargo de capitán de la Taurodelta que rige Madrid, de la empresa que regenta la plaza más importante del mundo, el buque insignia, el bastión de resistencia, la muralla donde se defiende el Patrimonio de la Tauromaquia.
“A esto le queda poquito tiempo”, dijo José Antonio. Y tras decir eso la vida no puede continuar como si nada. Porque, si el Patrimonio Cultural de la Tauromaquia hablara tendría una respuesta clara: “si me queréis, irse”. A lo Lola Flores. Si “a esto le queda poquito tiempo” ustedes no pueden seguir donde están, porque ya han arrojado la toalla y esa frase tan apocalíptica es la respuesta a todo que hacen. Como al toreo le queda poquito tiempo, vamos a rebañar lo que resta, a saquear los baúles, a aprovechar los últimos días y a no dejar nada sin recoger.
“A esto le queda poquito tiempo”. No es la frase de un anti, ni de un verde, ni de un político progre que mueve su ficha según interese. Esa sentencia es de Choperita y se la ha dicho a un periodista de su quinta que no tuvo arrestos para la pregunta clave: “y, entonces, ¿usted que hace aquí?”.
Usted, don José Antonio, que acaba de facturar unos 16 millones de euros según sus propias cuentas (recuerde que desde su empresa se dijo que se habían perdido casi dos millones de euros por dos mil abonos) ha confirmado que no cree en el futuro, que los taurinos tienen el 90 por ciento de las culpas de esta situación. Y esta mañana de lunes, en la que muchos de los toreros de su San Isidro todavía no han liquidado por considerar indigno el salario ofrecido, usted volverá al despacho de Las Ventas. Y el aficionado se preguntará que para qué. Si “a esto le queda poquito tiempo” es mejor que usted se quite del medio y deje actuar a los que todavía tienen fe en recuperar el esplendor de la tauromaquia.
Porque, don José Antonio, haberlos, haylos. Todavía hay quien invierte en el toreo, en generar toreros, parte de sus ganancias logradas frente al toro. Ahí están los toreros. Todavía hay aficionados activistas que se parten el pecho por ofrecer charlas, por organizar sesiones de toreo de salón, por conseguir dinero e ir a los toros pagando su entrada para disfrutar y para invertir en futuro, no para que se lo quede usted y sus socios del oligopolio porque usted, don José Antonio, ya confirma que “a esto le queda poquito tiempo”.
Una persona que sabe que a su coche “le queda poquito tiempo” de uso ya no lo lleva al taller para renovar amortiguadores. Simplemente, lo usa esperando el día del crack definitivo, y se aprovecha de su coche. Y es lícito que lo haga. Ahora bien, el toreo no es su coche sino un Patrimonio Cultural de todos los aficionados y no está bien que usted, que acaba de usar ese coche para facturar 16 millones de euros, deje esto en el desguace.
La frase de José Antonio Martínez Uranga es la respuesta a todo. Si “a esto le queda poquito tiempo”, vamos a prescindir de los que más cobran (José Tomás, Juli, Juan Mora, Cuvillo, El Pilar y Garcigrande, por ejemplo) en la feria más importante del mundo. Si “a esto le queda poquito tiempo”, vamos a apoderar a todo aquel producto que podamos mover por las ferias y así ganamos también la comisión de apoderados y abaratamos costes entre nosotros. Si “a esto le queda poquito tiempo”, vamos a comprar el ganado a los sumisos porque venderán barato y no pondrán pegas. Si “a esto le queda poquito tiempo”, vamos a olvidarnos del convenio de mínimos y así podremos jugar en un mercado libre donde el torero de oro o plata actuará casi por afición y lo poco que entre en taquilla nos lo quedamos. Si “a esto le queda poquito tiempo”, vamos a recoger que no es hora de sembrar.
Lo ha dicho José Antonio Martínez Uranga. La frase que Toño Matilla lleva dos años pregonando por bares y callejones la ha dicho el empresario de Las Ventas, y no Leo Anselmi, en La SER. Es la respuesta a todo: “a esto le queda poquito tiempo”.
Y el toreo, que no tiene voz pero sí alma, dicta sentencia: “si me queréis, irse”.
NOTA DEL REVENTADOR: Excelente, no hay que añadir nada más. Taurodelta gestiona la plaza en un modelo nocivo que garantiza que sus intereses generen ganancias, así con esta farsa se carguen TODA la fiesta: modelo maligno de "figura-monoencaste, rodeados de una feria miserable para generar el contraste", como contamos en nuestro anterior artículo.

La temporada madrileña de inicio de año: el esplendor de las ruinas.


Dice Camus que contar la historia del fracaso es un riesgo, pues la pobredumbre arrastra en su vorágine incluso al relato del fracaso, por lo que el narrador termina participando de tal hundimiento. Se corre tal riesgo al hablar de la ruina de la temporada mayor madrileña: compuesta por el 1 y 2 de mayo, el San Isidro, la feria de Arte y Cultura, y las corridas de La Prensa y la Beneficencia, la temporada grande en Madrid constó de 33 tardes, 20 de monoencaste Domecq-Núñez, 9 de encastes minoritarios, y 4 de rejones, que tienen su propio monoencaste. De las 9 de encastes minoritarios, solo 5 pueden considerarse como tardes de corridas duras. Hablamos entonces de un toral de 198 reses de lidia, entre novillos y toros; 198 animales con 396 orejas, de las cuales solo se cortaron 15. De las 15 orejas, solo dos no tuvieron en torno a tal concesión de trofeo, una amarga polémica por la evidente ridiculez de conceder un trofeo antaño tan preciado a faenas sin un solo pase completo, por ejemplo.

Hablamos entonces de menos de un 5% de triunfo en medio de un gran desierto de aburrimiento y rebajamiento. ¿No se puede considerar esto como un fracaso total? Y sin embargo, la presente temporada sigue teniendo mejores números que la temporada del 2012. Pero ante la evidencia de un fracaso con estrépito que seguramente incidirá en la caída en picada de los abonos y el número de asistentes, lo necesario aquí es preguntarse la naturaleza del fracaso: el toro y el torero.

De las 198 reses de lidia, solo el cabalístico número de 22 reses sirvieron para el espectáculo en más de un tercio, lo que no quiere decir que sean auténticamente bravas, pues de estas 22, la mayoría fueron toros mansos encastados, y solo salieron 5 toros bravos auténticos para los 3 tercios. Esta bravura no computa las corridas de rejones sino las de a pie, y se distribuye en 4 toros bravos en las corridas duras, y solo uno en las de monoencaste. 

Lo anterior deja una cosa en claro: de los 120 toros de monoencaste, solo uno fue realmente bravo (el sobrero de Sánchez Dalp, vía Núñez), y sirvieron para la lidia de muleta 8 toros :  osea, 9 toros de 120 del monoencaste sirvieron únicamente.

Mientras tanto, en las corridas denominadas duras, de 30 toros, 13 resultaron buenos para lidia en los tres tercios. De ellos, Bustillo II y Marinero, resultaron francamente bravos, y otros 6 toros de estas ganaderías duras, también con una nota más que sobresaliente. 

Malo, del monoencaste
Malo, que fungió como corrida dura, cuando Samuel Flores no entra ya en esta categoría.
La conclusión es que las corridas duras, con un número mucho menor de toros, pueden sacar un porcentaje más alto de éxito con respecto al apabullante monoencaste Domecq-Núñez. ¿Hay alguna razón entonces para continuar con el modelo del monoencaste? La respuesta de la empresa es clara: imponer un concepto de toro y de toreo que privilegie a los toreros que la empresa apodera, y a las ganaderías que la empresa maneja, así con ello la calidad del toreo sea de un exagerado 5% sobre 120 toros y 20 tardes. Un caso paradigmático de ello es la inclusión en dos tardes de la ganadería Jandilla durante esta temporada: procedencia Domecq del monoencaste más aberrante, y sin haber tenido mayores méritos que arruinar el mano a mano de Mora y Fandiño hace un año, echó en este 2013 a Las Ventas un total de 11 reses inválidas y sin casta. Y volverá. 

Otro factor tan diciente como el ganadero, es el de los toreros y los carteles. La inclusión de toreros sin méritos, la preminencia de las confirmaciones de alternativa, la injustificada invasión de toreros mexicanos justificada indecentemente con orejas de pueblo, la reiteración de los mismos libretos que antaño han fracasado: tal es la naturaleza de lo que en realidad debería ser otra cosa harto distinta: la inclusión de toreros con mérito (por ejemplo, Escribano, quien le cortó las dos orejas a un Miura de vuelta al ruedo en Sevilla), o la inclusión de toreros extranjeros en equilibrio de países y méritos (la ausencia de Fermín Rivera pero la inclusión de Silveti en el elenco mexicano), o la supresión de toreros sin nada (Luque y El Cid en varias tardes sin haber demostrado nada, y pasando por Madrid sin pena ni gloria). 

Ausencias como la de Juan Mora, Frascuelo, Lamelas, Moreno, Rivera, o incluso el citado Escribano, solo por decir algunos, le restan variedad a la feria, y también justicia. 

Otro tanto es la desgracia: cuando sale el toro, no hay torero; en esta temporada se hizo patente la abusiva ausencia de capacidad lidiadora de la gran mayoría de toreros, incluso figuras. Citar la vergonzante incapacidad de Talavante ante victorinos desrazados, la falta de recursos ante el picante segundo de Manzanares en la corrida de Victoriano del Río; la pésima espada de Fandiño, o la destoreada de la corrida de Baltasar Ibán por Urdiales, Mora y Bautista, es solo un tentempié de la desoladora realidad: los toreros han olvidado que un toro requiere terrenos, sabiduría a la hora de ponerlos en suerte y picarlos, modos de lidiarlos en las banderillas para corregir defectos, y conocimientos depurados de cómo ponerse para que el toro vaya, dure y luzca. Todo se redujo a ponerse donde estaban los papelillos, o sea, donde no había viento, lo que supone una reducción de ventajas para el toro, siendo la lidia la lucha a favor del animal, a fin de que este luzca su bravura en los 3 tercios. 

Toros como Bastonito (el reencauche del mítico del 94) o Baratillo, Matacanas, Brigada, o incluso Bustillo II, serán una incógnita para el aficionado, pues dejaron este mundo sin haber sido lidiados a la perfección, lo que pudo haber hecho lucir aún más la bravura que llevaban. En esta temporada Madrileña, se picó mal, poco y mucho, y salvo el ejemplar caso de la cuadrilla de Castaño y El Cid, los subalternos y el mismo lidiador, pasando por el director de lidia, no tienen idea de qué es la lidia correcta de un toro bravo en los 3 tercios. De las 198 reses, 16 fueron picadas en la querencia, cosa que revela la incapacidad de las cuadrillas para sujetar a un toro en todo un ruedo.

Ejemplo de perfección lidiadora: la cuadrilla de Castaño.

¿Cómo se puede llegar así a Madrid? Puede preguntarse uno en esta triste cosa.Un torero como Urdiales, quien debe resolver su temporada desde lo que haga en Madrid, se vio en 2 tardes y 4 toros con la misma apatía con la que el bravo Matacanas le dijo a Talavante que el toreado era el torero. Comentan los toreros, con mucha razón, que un triunfo en Las Ventas es algo devaluado, y que de poco sirve, como tampoco le sirvió de nada a Escribano salir por la puerta grande en Sevilla, y con miuras.

80% de las orejas concedidas fueron regaladas, y en la mayoría de los casos, premian al torero de una manera injusta, pues salieron toros de dos orejas a los que solo se les cortó una, y no por pinchar. Por ejemplo, a Perera le salió un mal presentado Alcurrucén de nombre Peladito, toro con transmisión y con series de hasta 7 pases, sin parar, y que duró 7 series de un total de 39 pases. ¿Qué más necesita un torero para cortar dos orejas en Madrid, además de salirle un toro de series de hasta 7 series con transmisión? Perera no puede responder, acaso porque su faena efectivamente sea de una sola oreja, y no de dos, como debería gracias al toro. Lo mismo le cabe en suerte al mexicano Joselito Adame, quien este año se llevó el gato al agua y tuvo en sus 2 comparecencias un total de 4 toros que embistieron con cierta casta y mucha nobleza (o sea, todo un regalo), cortando solamente una oreja y una oreja, cuando en un mundo justo debió cortar 8, pues en un mundo justo Adame debe saber aprovechar la nobleza y la suerte, y no, como en este mundo, recordar el destoreo poblerino, que al final termina acusando el noble toro español. 

Peor caso es el de las faenas que ni siquiera son de vuelta al ruedo, y a las que se les da una inexplicable oreja: el día de la corrida de Bohórquez, ante el diluvio de granizo que tapizó la plaza, el mexicano Silveti instrumentó una faena si una sola serie limpia, y sin un solo pase completo, a la que sin embargo se le otorgó una oreja, aduciendo todos que el torero se ha jugado la vida en medio de un diluvio: cabe preguntar si tal honor no lo mereció también al toro, pues el animal aguantó el granizo, con dos puyas costilleras y traseras, 6 banderillas mal puestas, y un matador que lo mareó a pases. ¿Se podría sin embargo honrar a este toro con los honores de la vuelta al ruedo, todo porque se quedó debajo del granizo? No, del mismo modo que la oreja de Silveti no vale nada, a menos que las orejas se den por circunstancias metereológicas, y no por el toreo: al toro se le da la vuelta al ruedo por bravo, y al torero, por haber toreado.

En cualquier caso, nombrar la falsa puerta grande de Talavante por una faena de oreja a la que se le dieron las dos sin pestañear, es hacer ver lo de Silveti, Perera, Adame, Manzanares, Ferrera o Castella, como épica taurina. Madrid ha bajado mucho el listón de la exigencia; ahora se le grita olé a pases cambiados por la espalda, a pases ayudados por alto y a faenas en las que una figura no se cruza una sola vez, cuando hace dos años esto era impensable en la hasta entonces "plaza más seria del mundo".

Hasta el momento, hemos ofrecido un panorama desolador en los aspectos ganaderos y taurinos, ¿pero acaso no fue así? A esto habría que sumarle la radicalización en contra del tendido 7, y la presentación de los toros. Siempre hay que preguntar, ¿por qué se culpa a Madrid de querer un "toro mastodonte", si plazas como Bilbao o Pamplona lo echan más grande, y nunca se acusa a estas dos plazas de lo mismo? Madrid no quiere un toro grande, pues de quererlo, nunca entraría a los corrales de Las Ventas una sola corrida de Baltasar Ibán. Lo peor, es que ahora Madrid ni siquiera sabe lo que quiere, o de quererlo, igual no puede hacer nada, ya que por desgracia no son los aficionados quienes controlan el baile de corrales. Como ya se ha contado, solo para Morante desfilaron un total de 20 toros en la de Beneficencia, y se parchó la corrida con los más pequeños. Hablar de las exigencias ganaderas de Madrid, cuando gracias a Taurodelta esta plaza se ha convertido en una dictadura de figuras y ganaderos donde el aficionado poco pinta, es más que socarrón. Se denuncia que Madrid ha sacado a los toros de su tipo, atacándolos de kilos para que puedan ser grandes y con romana, pero, ¿acaso no ha sido Betado, un Victoriano del Río de 650 kilos, el toro de monoencaste que mejor ha embestido en Madrid, incluso concediendo al toro el honor de la vuelta al ruedo? El tema está servido, pero no para los periodistas ni la empresa. 

Y a este punto es necesario llegar: Madrid es un fracaso, porque la empresa no tiene ninguna relación con el aficionado, más que la económica. El modelo de monoencaste y carteles sin mérito, funciona para beneficiar a Chopera, Casas y Matilla, porque estos dominan una concepción de la tauromaquia donde la ética de la bravura y el toreo auténtico no tiene cabida, y ofrecen una supuesta miseria para que esta contraste con el posible triunfo de las figuras del toreo, que precisamente estas 3 familias, apoderan. Pero este "posible triunfo" no puede ser auténtico en Madrid, ya que el público pide 3 tercios íntegros en la mediad de lo posible, y los toros de monoencaste, lo demuestran 111 toros, NO RESISTEN LOS 3 TERCIOS AUTÉNTICOS.  Sin la conjunción del toro bravo que exige el toreo auténtico pocas veces un espectáculo tan masificado, puede tener interés, pues este ocurre solo por error: con el manso de Talavante, con el manso encastado de Fandiño, con la corrida sin picar de Victoriano del Río, y pocas veces con el fulgor auténtico de la verdad: la bravura de Marinero y Pilarico para Castaño y su cuadrilla.  


El más bravo de San Isidro.

Entonces, Madrid fracasa así: por el toro, que no es el toro; por los toreros, que no torean; por los empresarios, que solo usan a la plaza para lucrarse, lo que es apenas deseable.

¿Qué hacer? En el tema del toro, mientra en Madrid se incluyen 20 tardes de monoencaste, en Francia las ganaderías bravas embisten:  Dolores Aguirre, Cebada Gago, Miura, Palha, Murteira Grave, La Quinta, Fuente Ymbro, en estos primeros 4 meses de temporada, han embestido en Francia, y no porque cruzando la frontera adquieran de ipso facto la bravura. Es más, en Francia el tercio de varas es auténtico. ¿Y los toreros? No nos riamos. 

Aunque podemos sugerir: no permitir más de un 30% de presencia de sangre Domecq y Núñez. Permitir al aficionado un 40% de soberanía para la inclusión de ganaderías y toreros, pues al fin y al cabo el aficionado es quien paga. Pedir reseñas gráficas de los toros en el campo. Pedir pedagogía sobre el tipo de cada encaste. Insistir en la necesidad de poner a las figuras a competir en carteles con toreros emergentes de las corridas duras, y en corrida duras. Regular el tercio de varas. Exigir que el torero con más antigüedad haga las veces de director de lidia. No permitir el monopolio de toreros mexicanos, pues todos los países del toro ajenos a España deberían tener igualdad de representación: torearon 5 mexicanos y solo 2 colombianos, mientras los otros países quedan en nada. No confeccionar la corrida de Beneficencia con un año de anticipación, sino atenerse a los triunfadores de San Isidro, así no sean figuras. Excluir de las premiaciones a los toreros involucrados en bailes de corrales, siendo Morante el campeón en esto. Mejorar los sistemas de compra, e ilegalizar aún más a los revendedores, pero no a los reventadores.

En conclusión, Madrid falla por que no está saliendo el toro de Madrid; falla, porque no están toreando los toreros de Madrid en las corridas de interés e importancia; falla, fundamentalemente y por todas las razones, al ser una plaza donde se reflejan las consecuencias del modelo actual, que de hecho es manejado por los 3 empresarios de la plaza: monoencaste, falta de diversidad y competencia, el aficionado como un ente que solo debe pagar, y no hablar ni pitar, a menos que quiera sufrir la ira de los columnistas.


Del Blog Cornadas para todos, la demencialmente sincera declaración de Choperita sobre el futuro de la plaza que su grupo maneja. 


En fin, este es el esplendor de las ruinas:


Javier Castaño con Ebanista y Pilarico de... por blogdetauromaquia
Javier Castaño con Sevillanito y Marinero de... por blogdetauromaquia
Alejandro Talavante con Artillero de Victoriano... por blogdetauromaquia
Iván Fandiño con Grosella de Parladé en Madrid... por blogdetauromaquia
Juan Bautista con Lanzavientos de Carmen... por blogdetauromaquia
Alejandro Talavante con Matacanas de Victorino... por blogdetauromaquia
Miguel Ángel Perera con Peladito de Alcurrucén... por blogdetauromaquia
Rafaelillo con Bustillo II de José Escolar en... por blogdetauromaquia
Uceda Leal con Costasol de Sánchez-Dalp en... por blogdetauromaquia

jueves, 6 de junio de 2013

Baja tú y lo haces


"Baja tú y lo haces", palabras que dijo Morante sin abrir su boca. Mover su mano izquierda hacia afuera de la suerte, luego mostrar la palma para pedir calma, y terminar haciendo una venia, en el lenguaje morantista quiere decir BAJA TÚ Y LO HACES, y significa que el aficionado solo tiene derecho a aplaudir y gritar olé a cualquier cosa, pues el pobre hombre se juega la vida, como cuentan con antitaurina ortografía aquí.

Como ya hemos señalado antes, Morante nunca abrió su artística boca, y su gesto no puede interpretarse como grosería, a menos que quisiéramos atacar al 7 porque son una secta que no dejan divertir a nadie a la plaza, pues a eso va la gente: "a pasarla bomba". Sin embargo, supongamos que como dicen sus fanáticos y los anti toristas y anti tendido 7, Morante en efecto lo ha dicho. ¿Por qué no puede ser un argumento decir BAJA TÚ Y LO HACES? Varias razones:

*No se puede justificar el pisoteo a los conceptos de la tauromaquia aduciendo que un torero profesional torea mejor que un aficionado. Tal principio sería inaplicable en la vida real; uno paga una entrada no para que la persona que come del dinero que uno deja en la taquilla,  rete a que se haga mejor algo que es su obligación hacer bien, por el mismo motivo que uno tiene derecho a reclamar por un pan lleno de cucarachas, sin tener que saber hacer mejor pan que el panadero acusado.

*El aficionado paga una entrada para ver torear toros bravos, no para medir su capacidad de lidiar toros con respecto a un matador.

*Los espontáneos o personas que invadan el ruedo sin ser toreros profesionales, son conducidos por las autoridades a la cárcel, pues es delito.

*Si se tiene que bajar a torear para demostrar que un profesional sabe torear mejor que un aficionado, lo que es casi evidente, lo mismo debería decirse con los otros aspectos taurinos: que sea el aficionado quien elija los toros, ganaderías, carteles, fechas y hasta honorarios.

*Si baja el aficionado, que el torero compre un abono completo ganando el sueldo del aficionado, y sea sometido a toda una temporada de corridas soporíferas sin derecho a rechistar; como es otro el que se gana miles de euros, que no exija igualdad de condiciones entre en un torero que se alivia y un aficionado que, con su dinero, ayuda a sostener el toreo.

*Que el torero le explique al aficionado antes de bajar cómo se hace un baile de corrales, un afeitado de pitones, un descargue de suerte, una masacre en la pica, o que le explique cómo machetear negando la historia del macheteo glorioso del pitón contrario; si ofende que un aficionado le diga a un torero que está mal colocado, suponemos que al aficionado le debe ofender que el maestro le explique la naturaleza de un baile de corrales.

*"Respeto, pues el torero se juega la vida" no es un argumento, porque de ser así deberíamos respetar mucho más a aquellos toreros que se juegan el pellejo en las corridas duras, cobrando hasta 5 veces menos que los de corridas bobas, donde solo los mansos derrotando pueden cornear. Nuestro sistema funciona para tapar precisamente al que se juega la vida y merece ser respetado: Escribano le corta las dos orejas a un Miura de vuelta al ruedo en Sevilla, y da igual.

*Estas personas son las mismas que critican el tercio de varas, ¿sería válido que un picador les dijera, ante sus reclamos, "baja tú y pica bien"? Quizá lo correcto es pensar que el público merece respeto en sus juicios.

*Se ha tapado el fraude del baile de corrales en la plaza, echando a rodar odio contra el 7, inventando una falsa historia del torero que es valiente ante el tendido, pero nunca antes los miuras que jamás lidiará. No hablo de Morante, hablo DEL TORERO POSMODERNO.

*El mero reto de pedir al aficionado que toree, ¿acaso no es una declaración de incompetencia por parte de un torero o un aficionado? Yo no me tengo que poner bien o mal para demostrar que un torero está mal puesto: que el torero tenga mal sitio, se demuestra en la evidencia, precisamente, de su mal sitio.

*Imaginemos que en una corrida de Miura, un torero le diga al torerista o al torero figura BAJA TÚ Y LO HACES. No se puede suponer que esto es un argumento para nada.

El respeto más grande se lo debemos todos a los valores de la fiesta y al toro; los toreros, ganaderos, aficionados, críticos y claveleros debemos respetar al toreo; respeto cuando hay verdad, y censura cuando se engaña: un aficionado, toreando bien o mal a un toro, no justifica que el torero haga trampa. A muchos les molestan los pitos tanto como a nosotros los olés a trapazos, entonces, es cuestión de percepción.  A estas personas, dios toro no quiera, algún día les saltará un Miguelín a su Cordobés. Hasta entonces, y viendo que a muchos les ha encantado  la foto de Morante supuestamente diciendo BAJA TÚ Y LO HACES, le dejamos una selección de fotos igual de increíbles a la que abre esta publicación: romanticismo en la figura del torero, y para que después estén diciendo que en este blog no queremos complacer a las personas a las que le vale más una fotico que los valores del toreo:
















Por cierto ES BROMA, lo único que no es broma aquí es el baile de corrales y la manipulación mediática. No es mi intención irrespetar, al fin y al cabo no soy el que le digo al aficionado que se baje a torear los miuras de Rafaelillo, si es que tiene la osadía de no gustar tal tauromaquia. Besos.

viernes, 24 de mayo de 2013

Y Manzanares alcanzó las cotas más altas en la última tanda con la derecha


Manzanares abraza a Calamaro: porta la muleta en la mano izquierda y retrasa la pierna de salida, o sea, la pierna izquierda, obviamente de manera concienzuda para alargar y hacer más profundo el abrazo. 


Dice Canal Plus toros que Manzanares alcanzó" las cotas más altas de la faena con su última serie por la mano derecha", tal y como reza el título de la entrada. A continuación el video, y fotogramas del cite y desarrollo de la serie que alcanzó cotas tan altas!

Link del video lleno de arte hasta hacer ver al Louvre como una pocilga donde 3 cerdos se revuelcan entre estiercol y labaza oyendo música de Marbelle : http://canalplus.es/play/video.html?xref=20130524plucantor_1.Ves


Primer muletazo, ajustándose al toro, cargando la suerte y arriesgando su artística vida.
Segundo muletazo, ajustando aún más al toro a su artística cintura, toreo puro con la panza de la muleta.
El diestro se pasa al toro mucho más cerca en el tercer muletazo, el público clama en la tribuna: "el toro lo embarazó" de lo cerca que se lo pasa.
Y para hacerlo más difícil, en el cuarto muletazo se mete más en los terrenos de la embestida del  toro, "serán mellizos".
El torero de manera sorprendente deja de embraguetarse o pasarse de cerca al toro, y de cargar la suerte; en este cambio de manos, el torero traiciona su propio concepto; como ahora todo es al revés, aquí lo está haciendo mal; MAL TORERO


Carga la suerte para el pase de pecho, que es un pase de alivio, igual que el cambiado de manos, ¿por qué no retrasa la pierna en el pase de pecho? Dicen que la retrasa para hacer más profundo el muletazo, ergo, eso haría más profundo el pase de pecho.


Y antes que llamen a la suspicacia, por eso puse el video: si usted ve que el torero se pasa cerca al coso negro con cuernos que va y viene a su aire, en cualquier parte del muletazo (cite, que fue lo que puse, conducción y remate, donde tampoco se los pasa cerca), entonces lo felicito, es usted un manzanarista convencido de que en la física de Jose María, ajustarse a un toro como manda el toreo significa realmente PASÁRSELO LEJOS DE LA CADERA EN EL MULETAZO:

Bravo! Somos Manzanaristas! Sabemos mucho de toros!

                                                 
El pico de la muleta, que es lo usado por Jose María Manzanares en la serie, es un ardid que sólo es lícito cuando un toro se recuesta en la embestida: el pico es la parte más alejada de la muleta con respecto al cuerpo del torero, por ello, torear con él es torear alejando al toro de la cadera; si a eso le sumamos el descargue de la suerte (cargar en últimas es estorbar la trayectoria del toro con una parte del cuerpo del torero, o con el cuerpo, y no estorbar es DESCARGAR), el fuera de cacho y el aflamencamiento, tenemos que Jose María Manzanares no se pasa el toro cerca nunca. ¿Se puede pensar que el toreo es esto? ¿No arriesgar la vida, aliviarse, pasarse al toro lejos? Ruego de manera atenta el favor de mirar en el video de arriba, los espacios que quedan entre el cuerpo y las piernas del torero y la embestida del toro. Es excesivo. Eso no es torear, es pegar pases con estética y empaque.

Es una verdadera pena: tiene uno de los empaques más importantes de la historia, pero su cobardía e impureza hace que su toreo se reduzca a la intrascendencia total. Teniendo algo que otros toreros matarían por tener, pues como el temple, el empaque viene naturalmente con el torero, Jose María lo desperdicia de una manera penosa, y esto solo tiene un culpable: el manzanarismo, la bola de aduladores que confunden el verse bonito con torear, y la legión de mujeres que confunden amar al torero por su físico, con el toreo. Una pena que lamentamos los amantes de la fiesta de los toros. 

El toreo de Manzanares es como un cuadro de Warhol: bonito, pero plagado de poca verdad física y conceptual, pues, necesario es no olvidar,  el arte es la trascendencia de la imagen, no de la apariencia:



Muletazo de Jose María Manzanares



Vía Salmonetes, blog imprescindible

martes, 21 de mayo de 2013

En defensa de la encerrona de Talavante



Hay que declarar la intención: yo defiendo la encerrona de Alejandro Talavante en Madrid. Su deprimente fracaso cuenta con un poder demostrativo tal, que puede decirse que es casi una radiografía de la Fiesta. Su triste incapacidad para afrontar un discreto encierro de Victorino, es asustante, pero me interesa el movimiento que ha suscitado. ¿Qué puede decirse de esta rarísima corrida? Todo fue irreal, como la foto que abre esta post: una plaza plomiza, impresión que reforzaban los cárdenos que se negaban a la habitual explosión de bravura que hasta hace algunos años caracterizaba el hierro. Talavante con un raro traje, su rostro pálido, incluso con una luz blanca como en la foto, y su boca puramente roja de pánico, prefigurando el cadáver de los toros que iba a matar mal. Luego, la nulidad absoluta: de la plaza, de los toros, del torero, del toreo, de la lidia. Aquello desde luego no se pareció en nada a una corrida de toros, careció de cualquier significado y emoción, más parecía un ensayo. Talavante parecía un muerto triste.

¿Qué decir? No deja de abofetear un hecho: que una considerada figura del toreo, se deje comer viva por una corrida dura de menor expresión. Y no es la primera vez del año: ya he dicho que Manzanares, con un Victorino más descastado y mal presentado, hizo en Sevilla un ridículo de proporciones manzanaristas; entonces no hablamos de Talavante y su petardo, sino de algo más efectivo, como que las figuras del toreo de la posmodernidad son la farsa. Uno puede imaginarse muertos de miedo y de incompetencia, a este grupo de figurillas ante un encierro encastado de Cuadri que se desvíe medio milímetro de la acometida absolutamente recta. Por ello, y amparado en la oreja que cortó pueblerinamente Perera en este San Isidro, uno está tentado a decir que las figuras del toreo no torean según la expresión más exacta de lo que se ha conocido desde siempre por torear, sino que instrumentan un producto reducido y falso: no hay toreo y no hay toro, pues no hay bravura real, ni desvío y canalización de esta bravura, pues torear es llevar al toro por donde este no quiere ir, o sea, no en línea recta, su viaje natural; estamos ante la muy dudosa capacidad de acompañar la embestida dócil, en línea recta, pues la debilidad de estos toritos no los deja ir rotos en curvas; entonces no es estrictamente torear, es acompañar, y hacerlo con estética y asentamiento; ¿pero esto puede considerarse como toreo en alguna otra época de nuestra historia, o como pegapasimo más bien? ¿Por qué todo se descuaderna, en cuanto salga un toro auténticamente bravo, e incluso con la mitad de un bravo, ante lo visto en Sevilla y Madrid? ¿Qué clase de tauromaquia es esta?

Entonces uno se remite a la célebre conferencia del maestro Domingo Ortega. Con una humildad no exenta de autoridad, el maestro explica qué es torear, y lo hace hablando sobre la bravura del toro en el 70% de la conferencia. Entonces saber qué es torear debe pasar con necesidad por el toro, y por el arreglo que se tenga para negarlo como entidad sagrada: si va recto, romperlo en curvas cargando la suerte y obligando al animal por ahí. Si galopa por bravo, ralentizar su embestida en la operación de templarlo. Si su naturalidad implica la querencia, torearlo en los medios, donde irá con más bravura al verse sin el cobijo de las tablas. Si su bravura es una furiosa demostración de la vida, matarlo ritualmente, pues el toreo es esto.  Pero antes de estas operaciones, que el maestro basa en dos principios (cargar uno, y templar, el segundo) se debe saber reconocer dónde hay bravura y dónde no. De ahí que no tan inexplicablemente, en esta conferencia el maestro vuelva constantemente sobre la necesidad de introducir el indulto en las plazas españolas de los años 60`s, como medida efectiva para garantizar la bravura en las ganaderías. ¿Uno de los toreros más puros de la historia, abogando por el indulto en Madrid?


Una nota de Salmonetes; algunos críticos inventaron que un inexistente hermano de El Cid picó para Talavante. La verdad es que la lidia, comprendida como la brega del toro en los 3 tercios, fue durante la encerrona menos que estudiantil y miserable, lo que influyó en toros plomizos para la muleta, y si al frente le ponen un torero que está como zombie, ya que no sabe qué hacer con lo que le sale al frente, tan fuera del libreto AL SER MEDIANAMENTE BRAVO

Todo este rodeo viene a un juego matemático: una figura con medio toro realmente bravo, es igual a cero (o). Una figura, con un toro sin tercio de varas, sin toreo en redondo, sin sometimiento, sin muletazos rematados en la pala del pitón contrario, y con un toreo de descargue de suerte, perfilismo y trayectorias lineales estando el torero fuera de cacho y sin bragueta, quizá pueda cortar las dos orejas, lo que es igual a 1, pero bajo un sistema donde un 1 en las figuras, no es igual a un 1 con corridas duras. Me explico la estupidez que estoy diciendo: desde luego que si le creemos al maestro Ortega, torear pasa por el toro, y el 1 del toro bravo es más valioso que el 1 reducido del toroburra. Si una figura no puede demostrar que posee ambos, que le puede a ambos toros, está por debajo de la historia, no es figura.

La encerrona de Talavante es importante porque evidencia que la radical separación entre ambas concepciones taurinas, se está tornando cada vez más irreconciliable. Tenemos una disyuntiva: elegir entre la diversidad de encastes, la riqueza genética, el tercio de varas, la bravura y los valores fundamentales, o el toreo posmoderno de las figuras. Ambas cosas no pueden subsistir en una sola órbita, y no porque sea imposible. El siguiente video demuestra que desde Andrés Vázquez hasta Manuel Caballero, pasando por una increíble faena de El Niño de la Capea, es posible torear quieto, asentado, con arte y ligazón a un victorino durante una encerrona en Madrid, con todo lo que esto significa. Si las figuras de hoy no lo logran, no es porque no se pueda: ES POR QUE ELLAS NO PUEDEN:


Historia de una gesta - Encerronas con Victorinos por blogdetauromaquia

Cuando se supone que este hecho activaría a getas ignorantes como Paco Mora o José Llorente, siempre dispuestas a clamar que el toreo ya no necesita del toro auténticamente bravo, uno se sorprende viendo que los toreristas no están clamando algo como "Ea! Se demostró que el toreo bonito no es posible con un toro desactualizado como este! Se legitima Domecq y el monoencaste, necesitamos estos toros para divertirnos en la plaza, pues a eso vamos, je! je!". ¿Por qué no lo claman a los 4 vientos como una verdad autoevidente, patente en el fracaso de la encerrona? Uno solo puede responder que incluso ellos mismos han captado la gran ausencia de técnica de todas las figuras del toreo, sometidas cada vez más a la comodidad del toro-perro, y con ello al olvido de lo que debe ser la fiesta: una guerra hecha danza, no un simulacro hecho danza. Ellos han visto que el toro que sale no es la tonta del bote, pues este toro duro plantea dificultades que suscitan interés, que hace que haya una especie de vilo en la plaza, similar a cuando el toro romanea, dejando suspenso en el aire al caballo: así es el aficionado. Han visto que esas dificultades sobrepasan a un supuesto maestro, y aquí no solo hay que meter a Talavante, pues no hay que olvidar a Manzanares, a Perera con Peladito, incluso a El Juli en Lima la última vez, cuando la plaza rechazó el becerro que salió por los chiqueros, y le salió entonces un sobrero de Colombia, un jabonero de casi 600 kilos que lo puso en aprietos, cosa que ha pasado desapercibida. Ellos notan pues que la supuesta maestría se ve incapacitada cuando sale un toro distinto, que nosotros reconocemos como más bravo que los demás, y que incluso uno tiene que entender que no es un Coimbra en Ceret, es un Victorino Martín engordado, lavado de cara, dulce y sin remate, ni bravura, y aún así la figura sale perdiendo.

Todas aquellas cosas como el medio pecho, el cite semidefrente, la cargazón o el planchado de la muleta, no son juegos de discurso de aquellos que no comulgamos con el toreo de las figuras: es algo inherente al espíritu de la lidia, y la única manera posible de lidiar y torear un toro de lidia.  Con este componente de verdad no pretendemos que todos los toreros sean cortados con el mismo molde, esto sería asegurar que una faena de Antoñete puede ser idéntica a una de El Viti, o una de Morante (de las que ocurren cada vez que hay cambio de gobierno en Cuba) es igual a una de César Rincón. Lo de Talavante, se suponía que iba a romper la barrera entre esa falsa dicotomía de torismo y torerismo, al igual que la corrida de Miuras en Sevilla, con el niño terrible de Velilla a bordo, y que se vio frustrada por una cornada. Se suponía que ver derrotada la encerrona, llenaría de argumentos a los toreristas, y no fue así. En ese sentido, esta encerrona es de agradecer: dejó las cosa en evidencia de una manera poderosa.

Su irrealidad es la irrealidad del toreo de las figuras.

Para finalizar, mucho se ha hablado de la faena al tercero. A mí me gustó, pese a la infantil lidia que se le dio a un toro de interés (pero no de puerta grande); me gustó pues,  porque es la máxima dimensión REAL que uno puede suponer de la tauromaquia de Talavante, y de muchas figuras. Uno recuerda la serie de naturales sin tocar al toro de Urdiales en Bilbao 2012, o de Robleño en Arles 2013, precisamente ante victorinos más encastados: tuvieron sitio, colocación, temple, y la maestría de llevar toreado un toro sin tocarlo, parados en un ladrillo, o sea asentados. En mis matemáticas amargadas, ese 1 vale más que el 1 de esta faena:


Alejandro Talavante con Matacanas de Victorino... por blogdetauromaquia

A Talavante hay que agradecerle el gesto que no concluyó; también, que haya hecho el spot: querrámos o no, nos pudo dar visibilidad social. Hay que aplaudir el hecho de marginarse de la línea Domecq con una apuesta ambiciosa: al fin y al cabo es lo que pedimos de las figuras. Hay que agradecer, de manera fundamental, que haya servido como una evidencia para lo que he dicho. Yo defiendo la encerrona, a Talavante, y espero que él no se quede con la espina, con su orgullo propio herido. Ya dio un paso, a diferencia del resto, y eso hay que estimarlo. Es como cuando un hijo aprende a caminar: se caerá muchas veces, pero en el fondo eso no es caerse.

jueves, 16 de mayo de 2013

Juan Pedro Domecq y las figuras: una sola vergüenza



El día de hoy hubo una gran exposición bovina en Las Ventas. A pedido expreso de José María Manzanares y de Morante de la Puebla, salieron al ruedo de la primera plaza del mundo 6 bovinos dispuestos así para la observancia del público. Herbívoros que pudieran clasificar para aquellas exposiciones donde se mide cuánta grasa puede tener una raza, o cuánto tiempo (entre menos sea, mejor) es el requerido para levantarlos. Desde luego que para eso del toreo, si se entiende la pasión y muerte de un toro en 3 tercios, definitivamente no hubo bovino apto.

6 animales miserablemente presentados por fuera de tipo, y con un juego peor. Ya nos tienen acostumbrados a las inyecciones de ácido hialurónico a los toros fungiendo como tercio de varas. ¿Tercio de varas? ¿Aquel salvaje aparte del ritual en donde al toro se le citaba varias veces para que acudiera a mostrar su bravura en el peto, mientras el torero montado le metía las cuerdas? Las corridas de toros van marchando cada vez más hacia las corridas incruentas, y hacia la vana sofisticación burguesa. Horror a la sangre y amor al arte.

Y como es amor al arte, y no al toreo, el toro es lo de menos. Los animales no son tenidos en cuenta, pese al esfuerzo del ganadero que quiere enviar un producto artista para la exposición bovina. Con todo, vimos toros escurridos de carnes, sin amplitud de caja, cornalones por las fundas, pero de cara que no dejaba mucha edad: que estos pobres ganaderos de los hierros del monoencaste la están pasando mal en el campo, dehesas devastadas por la pobreza y la ausencia de flujo de caja, que por ello mandan sus toros así de pobres:

La amplitud de la caja de este pobre de cabos finos, elegante y grácil como el toreo del matador que lo torea.
Jiménez Fortés está ahí por arrimarse, pero por torear definitivamente no: ya lo mostró en Bilbao, en su encerrona en Málaga, y hoy en Las Ventas: un torero con mucho arrojo y quietud, como el primer Castella, pero que carece de cualquier atisbo de profundidad. Grave error es ponerlo sin que él se lo gane aún.

Morante hizo el número de siempre: como es "torero de sentimiento", solo torea cuando siente, cuando lo visitan las musas (que después se riegan hacia los periodistas y comentaristas); da la terrible casualidad que al torero solo lo visitan las musas, precisamente cuando su toro es un perro noble de embestida recta y de presencia cuasi inofensiva (Criadero, Alboroto); en cuanto a Morante le sale un toro que proteste poco en su embestida, o plantee un laberinto que solo la lidia resuelve, se va por la espada y lo mata de cualquier manera. Como tiene toda una cohorte de aduladores y lambericas que le aplauden todo, llamada MORANTISMO, da igual si pega el petardo ("que hasta para eso tiene arte"), o si deja ir al toro en un total abuso de desperdicio con la vida bovina, el ritual de la corrida o la noción de decencia. Por ello, que supervise por la mañana el estado del ruedo , solo puede ser un hado irónico y abusivo del destino. En cuanto su segundo reveló algo de genio, se fue tras la espada y se ganó una bronca, ¿por qué? ¿no se supone que el barroquismo del ARTE también debería poderse con el toreo de piernas y el macheteo a pitón y costillar contrario? Morante, lejos de querer hermanarse con Frascuelo, Cagancho, Curro Puya, Curro Romero o Cúchares, solo nos demuestra que estamos en la época de las versiones reducidas.

Y como de pundonor torero y conmemorar el aniversario de la muerte de Joselito El Gallo se trataba, nada mejor que cerrar con el pegapasismo de Manzanares. Muchos están mirándose el ombligo pensando por qué semejante faena no caló en los tendidos: para empezar, sus toros no pasarían en una exposición bovina en la categoría a mejor novillo: gráciles, inofensivos de presencia, apenas tocados en la puya como si se tratara de sexo adolescente, o se perpetuara el sistema-tabú con la sangre que cree Pitt Rivers compone el universo simbólico de la corrida andaluza. Entonces tenemos un bichito con el que nadie debe asustarse y que solo puede torearse a media altura, pues si se le saca el muletazo debajo de la pala del pitón, el toro muere. ¿Y qué hizo el alicantino? Un desvergonzado performance de pegapasismo, o sea, pegar pases sin la mínima noción de ajustamiento, si a eso sumamos su tan puro concepto habitual (descargue de suerte, fuera de cacho, pico de muleta).


La distancia que impone el pico de la muleta, el fuera de cacho y el descargue de la suerte, hace que realmente este torero nunca se pase por la faja un toro. No se puede torear más desprendido, incluso de los conceptos (pues lidia un toro abstracto); mucha mano en la cadera, mucho empaque, qué desperdicio!, y sin embargo se le tiene como una figura del toreo. Bollaín decía que para saber si hay verdad en el toreo, y no pega pases, hay que mirar la situación de las zapatillas con respecto a las patas del toro. En el caso de Manzanares, el toreo no puede ser confundido con pegar trapazos estéticos, pero sin riesgo real, pues entre el toro y manzanares, cabe otro super modelo de pasarela:

El pico de la muleta es un recurso lícito cuando un toro se recuesta, precisamente porque al ser la parte más lejana de la muleta, sirve para alejar al toro del cuerpo. En esta secuencia del 2o muletazo de una serie, la distancia puesta en cuadrados demuestra que entre el toro y Manzanares cabe otro Manzanares, por lo que hay que imaginar dos Manzanares en el mundo de los toros, qué horror!

¿Y qué pasa el final? Otro petardo del monoencaste que es minimizado bajo todos los medios por los periodistas a sueldo, y por esa facción del público taurino que solo irá este año a esa corrida, y quizá a otra más con similar cartel, esperando que a Morante se le aparezca la tan codiciada musa, o que a Manzanares un toro le deje producir formas estéticas: para ello los maestros tienen derecho a pedir un toro a su modo, pues el buen trabajador nunca le echa la culpa a las herramientas.

La revolución del El Gallo y Belmonte hace un siglo consistió en adaptar un concepto del toreo a una clase de toro ya existente: en eso radica la grandeza de ambos, y se conoce en mor de ellos a tal época como la DORADA del toreo. Hoy es al revés: se intenta adaptar al toro a un concepto del toreo, precisamente el más estético, pero el más mentiroso. ¿Qué es lo contrario a época dorada? Desde luego que los toreros de hoy no sabrían responder, ni mucho menos el ganadero: hoy los 3 se fueron a casa con el sueldo cobrado, no se esforzaron para nada, y tienen más tardes en la feria, ¿quién pide más en la puta vida? Los 3 forman una sola vergüenza, pero a ellos no les importa en lo más mínimo, ahí están los ignorantes para aplaudirles y aceptarles esa desesperada búsqueda por el arte.

Foto del artículo de Antolín Castro
 se demuestra el ajustamiento y el grave riesgo que corre la artística vida de Manzanares; uno no puede tomarse estas ventajas como si se tratara de torear un Cuadri en celo de 9 años