Desde la fila 24 de La Santamaría de Bogotá, otra objetivación de la tauromaquia necesaria en medio de tanta coba, quema de incienso, refundación de diccionarios y demás tristezas!
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viernes, 26 de julio de 2013
Sobre el falso temple al torear
Hemos analizado con anterioridad la naturaleza del temple como atributo estético del toreo. Entonces concluíamos que el temple es una operación, no un resultado, y que la introducción del cánon belmontiano de dicho atributo, añadió al toreo su dimensión artística actual. Templar, decíamos todos, es reducir la velocidad de la embestida mediante las telas, en un acto soberbio de mando y de metafísica. Sin embargo, también denunciábamos el falso temple: aquel que es producto de los toros lentos, en cuyo caso no hay proceso [de templar] sino lógica: al toro lento, el muletazo lento, pero en ningún caso el templado.
A la anterior condena cabría añadir dos conceptos autorizados: uno,el de un torero de época como Paco Camino; diremos que su autoridad se sustenta en haber disputado su época con El Viti, Puerta, Cordobés, sí, y con el toro. Puede presumir una puerta grande en Madrid con toros de Pablo Romero, y una Beneficencia solo. Eso lo puede presumir, y entonces le creeremos. El otro concepto, es el de José Bergamín, el fantástico escritor que despliega un virulento ataque contra Belmonte en su libro El arte de Birlibirloque. El ataque no es otro que el de la condena al temple y la lentitud: torear despacio es lánguido, afeminado, dice Bergamín, pues el toro bravo es veloz y fiero. Reproducimos los dos conceptos a continuación:
"Yo creo que el temple ha sido un camelo total...El temple es acomodarse a la embestida del toro, no es una cosa que puedas imponer o crear. Claro, si te echan una burra que embistiendo hace dos metros en medio minuto, tu pase puede durar medio minuto. De otra forma, no es posible. Date cuenta de que a mi siempre me gustaron los toros crudos que los toros parados. ése no es el caso de todos."
Paco Camino citado por François Zumbiehl en El discurso de la corrida.
Y esto añade Bergamín en su El arte de Birlibirloque: "La falta de poder y bravura, de años, de casta, resta al toro el ímpetu en el empuje: le hace tardo, medroso y suave en la embestida, lo que permite al torero pasarlo lento y eludir el peligro del cruce, simulando ventajosamente, en ralenti, una ilusión de suerte: lo que llaman temple, templar; efectivimos sin expresión ni estilo; amaneramiento afeminado, retorcido, lánguido, falso; latiguillo fácil para el torero como un calderón o un portamento, y espejuelo de tontos; porque el único que templa es el toro."
Y para darle una realidad audiovisual a estos dos conceptos expuestos:
Hay que anotar sin embargo: no se niega la existencia del temple, sino que se refuerza la condena contra el falso temple, y en consecuencia, el falso bien torear, solo posible con un toro al que Bergamín gustaba llamar "desbravado". Sus ataques contra Belmonte en el fondo son una reivindicación a Joselito El Gallo, cosa que por supuesto llama la atención al joven aficionado, que ha entendido la historia del belmontismo y el gallismo, como algo reconciliado para los siglos en una época que se recuerda dorada, y como tal, se añora sin límite.
De aquella época, se entiende que el toreo se bifurca en dos facciones estéticas, transformadas ambas por el genio de Juan y José, pero también, que ambas se contraponen fundamentalmente por que en una hay quietud y lentitud, y en la otra, toreo de piernas y rapidez. Una es la exclusión de la otra, comentario que no peca de obviedad en esta época, pero sí en aquella. Hoy, el toreo descalificado es aquel donde el torero corrige sus sitio, pajarea, y pega el muletazo rápido. Se dice entonces que el toro no deja estar, y que el torero no sabe estar, y que eso no es torear. Pero si en Joselito lo fue, ¿por qué ya no es torear?, inri, asistimos además a una época donde todas las grandes hazañas del toreo, altamente mediatizadas por los medios pagos, coinciden en la insultante maestría de una figura y la lamentable condición de un toro.
Es aquí donde nos reconciliamos con el concepto de Paco Camino: el toro lento para el toreo lento, es además el suicidio del cánon de Belmonte. Ni sus hitos con toros de Montepío, Contreras, Martínez o Miura, estuvieron 'anti protagonizados' por la escasa importancia del toro. El temple entonces fue real, y su introducción estética en la historia taurina, valiosa. A lo que asistimos entonces no es más que a la negación del cánon de Belmonte, y la negación del cánon de Joselito. ¿Pero es posible sostener una mentira teatral ante la verdad de las astas, las cornadas y la muerte? La respuesta es un desmedido y enfático sí. Sí puede haber trampa en un sistema cuyos intereses están controlados desde la ganadería hasta el palco presidencial. Sí se puede vender una mentira que se hace reverberar en todos los medios y bocas, y hacerla lucir como una verdad innegable, como en un suerte de sugestión; la mentira entonces es doble: que este toro era de indulto, y que este torero lo templó.
viernes, 24 de mayo de 2013
Y Manzanares alcanzó las cotas más altas en la última tanda con la derecha
Dice Canal Plus toros que Manzanares alcanzó" las cotas más altas de la faena con su última serie por la mano derecha", tal y como reza el título de la entrada. A continuación el video, y fotogramas del cite y desarrollo de la serie que alcanzó cotas tan altas!
Link del video lleno de arte hasta hacer ver al Louvre como una pocilga donde 3 cerdos se revuelcan entre estiercol y labaza oyendo música de Marbelle : http://canalplus.es/play/video.html?xref=20130524plucantor_1.Ves
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| Primer muletazo, ajustándose al toro, cargando la suerte y arriesgando su artística vida. |
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| Segundo muletazo, ajustando aún más al toro a su artística cintura, toreo puro con la panza de la muleta. |
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| El diestro se pasa al toro mucho más cerca en el tercer muletazo, el público clama en la tribuna: "el toro lo embarazó" de lo cerca que se lo pasa. |
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| Y para hacerlo más difícil, en el cuarto muletazo se mete más en los terrenos de la embestida del toro, "serán mellizos". |
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El torero de manera sorprendente deja de embraguetarse o pasarse de cerca al toro, y de cargar la suerte; en este cambio de manos, el torero traiciona su propio concepto; como ahora todo es al revés, aquí lo está haciendo mal; MAL TORERO![]() Carga la suerte para el pase de pecho, que es un pase de alivio, igual que el cambiado de manos, ¿por qué no retrasa la pierna en el pase de pecho? Dicen que la retrasa para hacer más profundo el muletazo, ergo, eso haría más profundo el pase de pecho.
Y antes que llamen a la suspicacia, por eso puse el video: si usted ve que el torero se pasa cerca al coso negro con cuernos que va y viene a su aire, en cualquier parte del muletazo (cite, que fue lo que puse, conducción y remate, donde tampoco se los pasa cerca), entonces lo felicito, es usted un manzanarista convencido de que en la física de Jose María, ajustarse a un toro como manda el toreo significa realmente PASÁRSELO LEJOS DE LA CADERA EN EL MULETAZO:
Bravo! Somos Manzanaristas! Sabemos mucho de toros!
El pico de la muleta, que es lo usado por Jose María Manzanares en la serie, es un ardid que sólo es lícito cuando un toro se recuesta en la embestida: el pico es la parte más alejada de la muleta con respecto al cuerpo del torero, por ello, torear con él es torear alejando al toro de la cadera; si a eso le sumamos el descargue de la suerte (cargar en últimas es estorbar la trayectoria del toro con una parte del cuerpo del torero, o con el cuerpo, y no estorbar es DESCARGAR), el fuera de cacho y el aflamencamiento, tenemos que Jose María Manzanares no se pasa el toro cerca nunca. ¿Se puede pensar que el toreo es esto? ¿No arriesgar la vida, aliviarse, pasarse al toro lejos? Ruego de manera atenta el favor de mirar en el video de arriba, los espacios que quedan entre el cuerpo y las piernas del torero y la embestida del toro. Es excesivo. Eso no es torear, es pegar pases con estética y empaque.
Es una verdadera pena: tiene uno de los empaques más importantes de la historia, pero su cobardía e impureza hace que su toreo se reduzca a la intrascendencia total. Teniendo algo que otros toreros matarían por tener, pues como el temple, el empaque viene naturalmente con el torero, Jose María lo desperdicia de una manera penosa, y esto solo tiene un culpable: el manzanarismo, la bola de aduladores que confunden el verse bonito con torear, y la legión de mujeres que confunden amar al torero por su físico, con el toreo. Una pena que lamentamos los amantes de la fiesta de los toros.
El toreo de Manzanares es como un cuadro de Warhol: bonito, pero plagado de poca verdad física y conceptual, pues, necesario es no olvidar, el arte es la trascendencia de la imagen, no de la apariencia:
![]() Muletazo de Jose María Manzanares Vía Salmonetes, blog imprescindible |
jueves, 16 de mayo de 2013
Juan Pedro Domecq y las figuras: una sola vergüenza
El día de hoy hubo una gran exposición bovina en Las Ventas. A pedido expreso de José María Manzanares y de Morante de la Puebla, salieron al ruedo de la primera plaza del mundo 6 bovinos dispuestos así para la observancia del público. Herbívoros que pudieran clasificar para aquellas exposiciones donde se mide cuánta grasa puede tener una raza, o cuánto tiempo (entre menos sea, mejor) es el requerido para levantarlos. Desde luego que para eso del toreo, si se entiende la pasión y muerte de un toro en 3 tercios, definitivamente no hubo bovino apto.
6 animales miserablemente presentados por fuera de tipo, y con un juego peor. Ya nos tienen acostumbrados a las inyecciones de ácido hialurónico a los toros fungiendo como tercio de varas. ¿Tercio de varas? ¿Aquel salvaje aparte del ritual en donde al toro se le citaba varias veces para que acudiera a mostrar su bravura en el peto, mientras el torero montado le metía las cuerdas? Las corridas de toros van marchando cada vez más hacia las corridas incruentas, y hacia la vana sofisticación burguesa. Horror a la sangre y amor al arte.
Y como es amor al arte, y no al toreo, el toro es lo de menos. Los animales no son tenidos en cuenta, pese al esfuerzo del ganadero que quiere enviar un producto artista para la exposición bovina. Con todo, vimos toros escurridos de carnes, sin amplitud de caja, cornalones por las fundas, pero de cara que no dejaba mucha edad: que estos pobres ganaderos de los hierros del monoencaste la están pasando mal en el campo, dehesas devastadas por la pobreza y la ausencia de flujo de caja, que por ello mandan sus toros así de pobres:
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| La amplitud de la caja de este pobre de cabos finos, elegante y grácil como el toreo del matador que lo torea. |
Morante hizo el número de siempre: como es "torero de sentimiento", solo torea cuando siente, cuando lo visitan las musas (que después se riegan hacia los periodistas y comentaristas); da la terrible casualidad que al torero solo lo visitan las musas, precisamente cuando su toro es un perro noble de embestida recta y de presencia cuasi inofensiva (Criadero, Alboroto); en cuanto a Morante le sale un toro que proteste poco en su embestida, o plantee un laberinto que solo la lidia resuelve, se va por la espada y lo mata de cualquier manera. Como tiene toda una cohorte de aduladores y lambericas que le aplauden todo, llamada MORANTISMO, da igual si pega el petardo ("que hasta para eso tiene arte"), o si deja ir al toro en un total abuso de desperdicio con la vida bovina, el ritual de la corrida o la noción de decencia. Por ello, que supervise por la mañana el estado del ruedo , solo puede ser un hado irónico y abusivo del destino. En cuanto su segundo reveló algo de genio, se fue tras la espada y se ganó una bronca, ¿por qué? ¿no se supone que el barroquismo del ARTE también debería poderse con el toreo de piernas y el macheteo a pitón y costillar contrario? Morante, lejos de querer hermanarse con Frascuelo, Cagancho, Curro Puya, Curro Romero o Cúchares, solo nos demuestra que estamos en la época de las versiones reducidas.
Y como de pundonor torero y conmemorar el aniversario de la muerte de Joselito El Gallo se trataba, nada mejor que cerrar con el pegapasismo de Manzanares. Muchos están mirándose el ombligo pensando por qué semejante faena no caló en los tendidos: para empezar, sus toros no pasarían en una exposición bovina en la categoría a mejor novillo: gráciles, inofensivos de presencia, apenas tocados en la puya como si se tratara de sexo adolescente, o se perpetuara el sistema-tabú con la sangre que cree Pitt Rivers compone el universo simbólico de la corrida andaluza. Entonces tenemos un bichito con el que nadie debe asustarse y que solo puede torearse a media altura, pues si se le saca el muletazo debajo de la pala del pitón, el toro muere. ¿Y qué hizo el alicantino? Un desvergonzado performance de pegapasismo, o sea, pegar pases sin la mínima noción de ajustamiento, si a eso sumamos su tan puro concepto habitual (descargue de suerte, fuera de cacho, pico de muleta).
La distancia que impone el pico de la muleta, el fuera de cacho y el descargue de la suerte, hace que realmente este torero nunca se pase por la faja un toro. No se puede torear más desprendido, incluso de los conceptos (pues lidia un toro abstracto); mucha mano en la cadera, mucho empaque, qué desperdicio!, y sin embargo se le tiene como una figura del toreo. Bollaín decía que para saber si hay verdad en el toreo, y no pega pases, hay que mirar la situación de las zapatillas con respecto a las patas del toro. En el caso de Manzanares, el toreo no puede ser confundido con pegar trapazos estéticos, pero sin riesgo real, pues entre el toro y manzanares, cabe otro super modelo de pasarela:
La revolución del El Gallo y Belmonte hace un siglo consistió en adaptar un concepto del toreo a una clase de toro ya existente: en eso radica la grandeza de ambos, y se conoce en mor de ellos a tal época como la DORADA del toreo. Hoy es al revés: se intenta adaptar al toro a un concepto del toreo, precisamente el más estético, pero el más mentiroso. ¿Qué es lo contrario a época dorada? Desde luego que los toreros de hoy no sabrían responder, ni mucho menos el ganadero: hoy los 3 se fueron a casa con el sueldo cobrado, no se esforzaron para nada, y tienen más tardes en la feria, ¿quién pide más en la puta vida? Los 3 forman una sola vergüenza, pero a ellos no les importa en lo más mínimo, ahí están los ignorantes para aplaudirles y aceptarles esa desesperada búsqueda por el arte.
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| Foto del artículo de Antolín Castro se demuestra el ajustamiento y el grave riesgo que corre la artística vida de Manzanares; uno no puede tomarse estas ventajas como si se tratara de torear un Cuadri en celo de 9 años |
viernes, 26 de abril de 2013
¿DEBEN LAS FIGURAS LIDIAR TOROS DE OTROS ENCASTES?
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| El Juli en Madrid con un Pablo Romero; entonces era respetado por la afición Venteña. |
Entre las preguntas que suscita la tauromaquia posmoderna,
hay una que por su cariz de definitiva en el futuro de la tauromaquia se
sobrepone al resto: ¿DEBEN las figuras del toreo lidiar hierros de otras
ganaderías, encastes y tipos? Esa sería la pregunta. Sin embargo, a mi parecer
la pregunta está terriblemente mal formulada, pues debería ser ¿PUEDEN las
figuras del toreo, lidiar otros encastes…?
En la pasada encerrona de Manzanares en Sevilla, donde un
simple toro de Victorino Martín mal presentado y sin el genio de su casa logró
poner en entredicho los conocimientos de la lidia de una supuesta figura del
toreo, se evidencia una respuesta muy clara.
Pero antes, hay que sustraer el problema con una pregunta
anterior: ¿por qué deben lidiar las figuras del toreo toros de otros encastes?
Ante esta pregunta que subyace a la más general, hay que aclarar de inmediato
que ante todo es inadmisible el tipo de argumentación mediocre y conformista,
que extiende la extraña especie que las figuras del toreo “no tienen nada que demostrar, pueden exigir lo que les venga en gana, y se ganaron su sitio”; el
toreo no es un plan vacacional ni de jubilación, y en toda la historia del
toreo, las figuras en cada época dieron la cara con los hierros duros en las
plazas duras para reivindicarse. Permítanme un ejemplo: el torero artista más
regular de todos los tiempos, Antonio Ordoñez, le daba la alternativa en
provincia al novillero que despuntaba y se erigía como promesa del toreo, o
sea, como alguien capaz de derrocar a Ordoñez de su trono. Luego de dársela
entre los algodones de poder elegir sus toros y en la provincia, le confirmaba
la alternativa en Madrid, pero con toros de Pablo Romero. Lo que hacía Ordoñez
entonces era darle dimensión real a su tauromaquia y a la del toricantano,
midiéndola con un hierro poderoso que exigiera sus conocimientos, valor y arte
al máximo. Hay que anotar que Ordoñez siempre salió victorioso de esa corrida
peculiar, mientras que el alternativado, que había triunfado en la provincia en
su alternativa, se estrellaba de frente con los Pablo Romero. Hoy, todos
aceptamos como dogma general que Ordoñez es un maestro de la tauromaquia, y no
el novillero incapaz perdido en la historia; pero además, hoy, tal cosa sería
impensable de hacerse, pues las figuras del toreo no salen de un circuito de 9
ganaderías de encaste Domecq y mixturas de Domecq con Núñez, y perpetúan este
circuito en todas las plazas. El problema no solo resulta en lo eminentemente
taurino (qué tan lícito es lidiar solo un encaste y proclamarse como figura),
sino que el problema central de este fenómeno, llamado monoencaste, es que
redunda en una afectación a otras ganaderías fuera del circuito, que no son lidiadas
por las figuras que acaparan el 70% de los carteles, y que por ello les
sobreviene el riesgo de quebrar en lo económico, y extinguirse en lo genético.
El hecho de agrupar la tendencia mayoritaria en tan pocas ganaderías, ha
degenerado en que el resto, sobre todo las más bravas, lidien tan poco que la
ganadería termina desapareciendo, y con ella su encaste, casta y genética
particular.
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| Pablo Romero, un gallardo apunto de desaparecer para siempre, pese a que antes El Juli "podía pegarle pases de pecho" |
Ante este fenómeno descrito, la solución es perfectamente
formulable: quienes ocupan el 70% de los carteles en un declarado monopolio,
pueden salvar a hierros a punto de extinguirse (Partido de Resina, los
Coquillas, los Urcolas, los Barcial, por ejemplo) con el simple hecho de
lidiarlos, pues se le compra un encierro al ganadero, que le inyecta capital a
su ganadería y la saca avante. Por eso, se supondría que las figuras, además de
lo técnicamente taurino, éticamente deberían lidiar estos hierros.
Un fenómeno reciente en la sociedad taurina es el reiterado
llamado de la afición sobre las figuras, exigiendo con humildad que los
maestros del toreo actual lidien hierros con mucho mayor interés en los 3
tercios, mayor presentación en su tipo (que no es sinónimo de toro grande),
mayor transmisión de peligro y que le dé variedad a las cosas, cosa que además
ayudaría a las ganaderías que las mismas figuras y su sistema han puesto en
peligro. De inmediato, el bando de los periodistas pagos y los aficionados
acartonados en una fe particular (Julismo, Manzanarismo, Morantismo,
Tomasismo), confunden estos justos reclamos con un ataque a la diversidad de la
fiesta, pues pretenden pensar que lo que procura el aficionado torista, purista
o integrista, es decretar una sola Fiesta donde no cabe el toreo de arte, que
supuestamente solo es posible, cosas del mundo de las conveniencias, con 9
hierros: el monoencaste.
En realidad lo anterior es una argumentación infundada, pues
el reclamo sobre las figuras apunta precisamente a garantizar mayor variedad y
riqueza en la tauromaquia, cosa que pasa por establecer muchas tauromaquias
válidas, tauromaquias pues que necesitarían muchos toros distintos en cuanto a
encastes, presentación y castas, como ha sucedido en todas las épocas del
toreo. Quienes realmente quieren imponer un monocriterio en la fiesta, son los
toreristas a pies juntos, pues su sistema solo admite un encaste, 9 ganaderías,
y 10 toreros. Al final, el modelo resentido termina en que el aficionado va a
los toros con un profundo interés sociológico, mas no A LOS TOROS, como esto se
ha conocido desde siempre. Pero en últimas, estamos ante una verdad auténtica
más apabullante: históricamente, los conatos de monoencaste han degenerado,
esto es, las ganaderías que algunas figuras en todas las épocas del toreo
prefirieron, terminaron por desaparecer, pues bajando tanto las cotas de casta
y presentación para satisfacer a los toreros (que humanamente prefieren el
dócil al terrorífico), al final se quedaron sin toros bravos ante la erosión
genética. Por eso, nadie en la geografía taurina puede hallar hoy un toro en lo
de Urquijo, monoencaste de los años 30. Por desgracia contemporánea, en aquella
época las ganaderías convivían en armonía económica, pues el mercado era más
variado. Hoy, con monopolio, corremos un riesgo altísimo: que las bravas
terminen todas extintas en el matadero, y que el monoencaste toque fondo, con
lo que ya no existiría el toro de lidia, y sin él, el toreo.
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| Todos los focos taurinos deberían estar puestos en una campaña contra la extinción de estos toros míticos de Pablo Romero, hoy Partido de Resina. |
A todas luces estamos ante una cuestión grave, que se torna
más desoladora si consideramos la pregunta ¿PUEDEN las figuras del toreo,
lidiar otros encastes…?
Aquí hay que hacer una nueva digresión histórica: las
figuras cuestionadas cada vez más por amplios sectores de la afición,
decidieron desde este 2013 hacer lo que llaman “gestas”, de naturaleza
profundamente envidiosa (por ejemplo, lidiar UN SOLO TORO de Victorino Martín y
el resto de monoencaste), ante el paso adelante que dio Talavante, un torero
que ya ha dado la cara con hierros como Ana Romero, Adolfo Martín o Baltasar
Ibán: encerrarse en Madrid con 6 Victorinos. De inmediato, sus compañeros
tuvieron que validarse anunciando esta clase de gestas, y allí los tenemos,
lidiando como gesto simbólico uno o dos toros distintos al Domecq. Hasta el
momento, pagar esta apuesta ha sido escabrosa:
Manzanares quedó en evidencia con el Victorino, hecho que la prensa ha tapado de manera ridícula. Por ejemplo, ni Mundotoro, ni Burladero ni Aplausos ni Cultoro (lo que podríamos llamar el cuadrado del mal mediático taurino) informaron que a Manzanares el Victorino le tragó tanto los terrenos, que terminó comiéndole la muleta, con lo que el maestro no tuvo otra opción que salir huyendo, cosa que tiene una narrativa distinta a decir simplemente “desarme”. Lo de menos es eso, no hay torero que no haya sido desarmado, aunque deberíamos considerar de qué manera y por qué. Lo que ilustra una foto más debajo de las que documentan el desarme y la huida de Manzanares, es que estos supuestos maestros del toreo, tienen una cantidad de falencias técnicas que rayan en lo novilleril, pues se están acostumbrando a una clase de toro rebajado, que solo responde al último tercio (esto es, que en mi concepto personal no se les puede llamar como BRAVOS) de manera dócil y dirigida, que se romperían en dos con toreo en redondo (que no circular) y que los ha malacostumbrado a lo que debe entenderse: la técnica en la guerra de torear. Hay varias caracterizaciones de esto: El Juli y su cornada por intentar torear en redondo a un toro manso y con derrotes (error técnico de un supuesto maestro “con todas las tauromaquia en su cabeza”), o la consecuencia del descargue de suerte de Manzanares (que el toro bravo le coma los terrenos que el torero no gana, con lo que termina comiéndose vivo al supuesto maestro del toreo). Por ello, debemos decir que El Juli no tiene todas las tauromaquias en su cabeza (le falta el toreo de poder y en 8`s para el manso), y que Manzanares está sostenido en un concepto impracticable con un toro bravo (el descargue de la suerte), cosa que suplen con estos errores técnicos ya dichos. Si El Juli fue corneado por una torpeza semejante, cosa que ya hemos lamentado profundamente y nos dolió, Manzanares ante el bravo con terrenos ganados instrumenta otra faceta rayana en lo ridículo: el toreo de poder se ejemplifica como la manera en que el torero logra dominar el poderío del toro con el poderío de su muleta, para así, tras lidiarlo, torearlo en redondo. Se efectúa entre otras cosas, con toques y macheteos a pitón y costillar contrario, para lo que hay que tener garbo y valentía, pues mientras el torero toca a pitón contrario para que el toro revuelva y baje, concluido esto el toro queda puesto en el terreno del torero. Manzanares, empero, y tras verse incapaz de torear al Victorino con su particular estilo decidió machetearlo, con lo que inauguró una nueva técnica de este hermoso arte de tocar al pitón contrario del toro: tocar a ijar contrario, cosa que sale en la tercera foto, y que expone una sombría respuesta a ¿pueden las figuras del toreo, como supuestos maestros de la tauromaquia, lidiar otros encastes?
Manzanares quedó en evidencia con el Victorino, hecho que la prensa ha tapado de manera ridícula. Por ejemplo, ni Mundotoro, ni Burladero ni Aplausos ni Cultoro (lo que podríamos llamar el cuadrado del mal mediático taurino) informaron que a Manzanares el Victorino le tragó tanto los terrenos, que terminó comiéndole la muleta, con lo que el maestro no tuvo otra opción que salir huyendo, cosa que tiene una narrativa distinta a decir simplemente “desarme”. Lo de menos es eso, no hay torero que no haya sido desarmado, aunque deberíamos considerar de qué manera y por qué. Lo que ilustra una foto más debajo de las que documentan el desarme y la huida de Manzanares, es que estos supuestos maestros del toreo, tienen una cantidad de falencias técnicas que rayan en lo novilleril, pues se están acostumbrando a una clase de toro rebajado, que solo responde al último tercio (esto es, que en mi concepto personal no se les puede llamar como BRAVOS) de manera dócil y dirigida, que se romperían en dos con toreo en redondo (que no circular) y que los ha malacostumbrado a lo que debe entenderse: la técnica en la guerra de torear. Hay varias caracterizaciones de esto: El Juli y su cornada por intentar torear en redondo a un toro manso y con derrotes (error técnico de un supuesto maestro “con todas las tauromaquia en su cabeza”), o la consecuencia del descargue de suerte de Manzanares (que el toro bravo le coma los terrenos que el torero no gana, con lo que termina comiéndose vivo al supuesto maestro del toreo). Por ello, debemos decir que El Juli no tiene todas las tauromaquias en su cabeza (le falta el toreo de poder y en 8`s para el manso), y que Manzanares está sostenido en un concepto impracticable con un toro bravo (el descargue de la suerte), cosa que suplen con estos errores técnicos ya dichos. Si El Juli fue corneado por una torpeza semejante, cosa que ya hemos lamentado profundamente y nos dolió, Manzanares ante el bravo con terrenos ganados instrumenta otra faceta rayana en lo ridículo: el toreo de poder se ejemplifica como la manera en que el torero logra dominar el poderío del toro con el poderío de su muleta, para así, tras lidiarlo, torearlo en redondo. Se efectúa entre otras cosas, con toques y macheteos a pitón y costillar contrario, para lo que hay que tener garbo y valentía, pues mientras el torero toca a pitón contrario para que el toro revuelva y baje, concluido esto el toro queda puesto en el terreno del torero. Manzanares, empero, y tras verse incapaz de torear al Victorino con su particular estilo decidió machetearlo, con lo que inauguró una nueva técnica de este hermoso arte de tocar al pitón contrario del toro: tocar a ijar contrario, cosa que sale en la tercera foto, y que expone una sombría respuesta a ¿pueden las figuras del toreo, como supuestos maestros de la tauromaquia, lidiar otros encastes?
En últimas, se trata del modelo taurino actual, que tiene en
la cabeza a varios colados, y que indefectiblemente se llevará a la cabaña brava
al abismo. No hay que obviar que en breve, los últimos Coquillas serán lidiados
en Francia, y con ellos, se pone sobre nosotros la imagen de la vergüenza, pues
antitaurinamente estamos contribuyendo a la extinción del toro bravo, y con él,
nunca mejor repetido, de la tauromaquia misma. Entre El Juli y Manzanares, solo el primero puede quizas osar a lidiar estos hierros, y en consecuencia, optar a títulos como "figura del toreo" o "maestro de la tauromaquia".
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| Naturalmente como todo torero desarmado hay que correr, |
sábado, 20 de abril de 2013
TEORÍA DE LA COLOCACIÓN
Para empezar, “colocarse” es una palabra horrenda, que a
petición del escritor animalista Fernando Vallejo, debe reemplazarse por “ponerse”,
del mismo modo que la horrenda “escuche” ha de ser reemplazada por “oiga”, para
bien de nuestra amada lengua castellana. Sin embargo la tauromaquia es una
cultura, y como tal, asume un metalenguaje o uso del idioma solo válido en esa
cultura, por lo que si uso la palabra “colocarse” y sus demás cópulas, como la
horrenda palabra “colocación”, es a causa de que esa palabra significa algo en
la tauromaquia.
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| Chicuelo, quien realmente definió las bases dejadas por Belmonte, nos muestra qué es cruzarse |
Colocarse pues, es un concepto territorial, que significa el
sitio donde el torero se pone quieto a torear; debido a que hablamos de
quedarse quieto, sin duda su introducción definitiva al arte del toreo se debió
a Juan Belmonte, quien en un tentadero se percató de una cosa: si se cruzaba al
pitón contrario las reses iban con mayor facilidad, aunque eso le sumaba el
doble de riesgo al arte de torear, pues entre la trayectoria natural de la res
se inmiscuía el torero.
Piénsese por ejemplo en que se toreará por naturales: la
muleta está en la mano izquierda y el sitio natural del torero es entonces por
el lado izquierdo del toro, o mejor, por el pitón izquierdo; cruzarse a pitón
contrario, significa que el torero ha de pasar por el campo visual del toro, y
del lado izquierdo al lado derecho, donde el toro seguro arrancará su
embestida, pero donde hay mayor peligro, pues el cuerpo del torero está atravesado
entre los dos pitones. Antes de analizar la gráfica explicativa, es necesario
aclarar una patraña: hay algunos discursos infames que venden el toreo fuera de
cacho como el peligroso; tal consideración ni siquiera merece que nos
detengamos, aunque más adelante la mencionemos, aclarando por demás que es
falso.
Bien, se pide que se considere la primera gráfica:
Lo que allí puede verse es que la mayoría de toreo hasta los
años 90’s, correspondía a lo que el número 1 representa, como introducción
básica de Belmonte: quedarse puesto sin cruzarse, pero en el campo por donde el
toro ha de pasar irremediablemente. El número 2, que representa el toreo de
Manolete, quien cargaba la suerte con todo su cuerpo (véase nuestra entrada sobre cargar la suerte), está un poco más cruzado, de hecho carga la suerte por
ello, porque su cuerpo entero está ofrecido a la trayectoria del toro, y el
torero ha de torear para que no lo atropelle. Y finalmente, el número 3 a
través de Arruza, nombre al que deberíamos añadir al de Lorenzo Garza, se concluye que
hay un total cruzamiento del torero, aunque mexicanamente arrimado. Bien, en el
toreo posmoderno o actual, que bebe de la tauromaquia mexicana hasta un punto
que no se ha analizado, se introduce una nueva posición, la número 4, que se
relaciona además abajo con la trayectoria del toro en las 4 distintas
tauromaquias; se ruega atención:
Como se anota, en la figura 4 el torero está absolutamente fuera de pitón,
hecho que logra no solo poniéndose lejos de la trayectoria, sino además usando
el pico de la muleta (la parte de la muleta más alejada del cuerpo del torero),
por lo que el toreo posmoderno se llama “toreo en líneas”, y más que en la
exposición del torero, consiste en la ligazón y la composición estética.
¿Cuál es el problema con la colocación entonces? Como dijo
Antoñete, hasta para tomarse una cerveza hay que saber pararse. Del primer
muletazo, cuando la serie es ligada, depende cómo será el resto de muletazos,
pues el segundo muletazo debe enhebrarse teniendo en cuenta dónde está el toro
¿y dónde está el torito? Donde se le dejó tras el primer muletazo esto es: o en
la cadera contraria cuando hay toreo auténtico, o lejos y por fuera, en el
toreo ventajista. Todo esto depende del sitio.
En la colación de los números 2 y 3, el torero ha de vérselas
con los dos pitones, mientras que en 1 y 4, solo con el izquierdo, con
tendencia en la colocación 4 a solo vérselas con el costillar del toro al final
del muletazo, si se torea en líneas, fuera de cacho con la suerte descargada y
además con el pico de la muleta (de allí la patraña según la cual el torero se
arriesga más toreando a lo mexicano que mencionamos arriba); lo anterior se
explica de manera sencilla: el toro persigue el pico de la tela, lejos del
torero, y cuando el brazo describe la curva, los pitones del toro ya han
pasado, la pierna de salida escondida solo puede chocarse con el costillar del
toro, si es que choca. La distancia con la que el torero aleja al toro
embebiéndolo con el pico de la muleta, deja un espacio donde, según el adagio
torista, “cabe otro toro”, esto es, sin peligrar, salvo en el 0.1% de los casos (como la cornada de ayer de El Juli), cuando la ventana abierta es vista de inmediato por un toro con sentido
y que manda derrotes de manso: entonces la cornada es segura, aunque lo sería
más si el torero se cruzara, viéndoselas con dos pitones que mandan derrotes, y
no solo uno.
La colocación es fundamental para que haya verdad. Se
recomienda para la comprensión de su importancia, la lectura del maestro
Navalón sobre la verdad a la hora de citar.
Supongamos, según algunos apostolados, que todas las
tauromaquias son válidas. Pero supongamos otro principio, más general de la
tauromaquia: lo que hace el torero tiene sentido porque arriesga su vida, ergo,
tendrá más sentido, si la arriesga más. El torero más auténtico no puede
resultar de la ligazón o la estética solamente, estas dos nociones posmodernas
pierden interés si no hay sensación de riesgo; es obvio que el torero no estará
cruzado en todos los muletazos, solo le basta en el primero, pues hay que
recordar que la totalidad de la serie dependerá de cómo fue el primer muletazo
en colocación; vamos a ver:
De la colocación depende dónde queda el toroà De dónde quedó el
toro, depende el segundo muletazoà
Y así sucesivamente hasta el de pecho.
Por ello, vemos tauromaquias como la de Manzanares III,
donde solo se ve ajustamiento, y que el toro le pasa cerca, en el penúltimo
muletazo y el pase de pecho, sin que sea un ajustamiento peligroso, pues el
torero tapa su timidez acompañando con estética la embestida.
Esos grandes esperpentos de la tauromaquia actual, donde el
torero debe corregir un sitio totalmente descompuesto, en una época donde se
supone que a la previsibilidad del toro más previsible de la historia se le
llama clase, solo es culpa de la mala colocación:
En resumen podemos considerar a la posición 4 como una
ventaja, si a ello se le añaden otras ventajas: torear con el pico, sin
obligación del toro, hacia afuera, en línea, de perfil y con la pierna de
salida escondida: allí el toreo sólo ocurrirá al final del muletazo, no en todo
el muletazo si entendemos por toreo llevar al toro en contravía de su viaje natural,
que es en vía recta. Por ello, la posición 4 también es una ventaja para la
ganadería: si el toro solo va en líneas, sin que su columna se quebrante por el
toreo de poder en curvas de la posición 3, el toro puede durar hasta 100
muletazos y sigue fresco como yogurt en nevera en la posición 4, pues no se le
obliga en nada, salvo en tener buena caja respiratoria y estado de atleta,
aunque la bravura no es ser rápido, sino crecerse demoniacamente al castigo.
Por ello, un torero como Ponce, que conjuga todas las ventajas junto a un
elegante y prestante toreo a media altura, es el torero que más toros ha
indultado en la historia: nunca los somete, les puede pegar 100 muletazos y los
toros siguen como si nada. Las cifras de indulto de Manolete o José Tomás, son
ridículas frente a las de Ponce.
En definitiva, el sitio como compromiso del torear, debe ser
la antesala a la verdad del muletazo,si no es así, indiscutiblemente es una ventaja:
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