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lunes, 10 de junio de 2013

La temporada madrileña de inicio de año: el esplendor de las ruinas.


Dice Camus que contar la historia del fracaso es un riesgo, pues la pobredumbre arrastra en su vorágine incluso al relato del fracaso, por lo que el narrador termina participando de tal hundimiento. Se corre tal riesgo al hablar de la ruina de la temporada mayor madrileña: compuesta por el 1 y 2 de mayo, el San Isidro, la feria de Arte y Cultura, y las corridas de La Prensa y la Beneficencia, la temporada grande en Madrid constó de 33 tardes, 20 de monoencaste Domecq-Núñez, 9 de encastes minoritarios, y 4 de rejones, que tienen su propio monoencaste. De las 9 de encastes minoritarios, solo 5 pueden considerarse como tardes de corridas duras. Hablamos entonces de un toral de 198 reses de lidia, entre novillos y toros; 198 animales con 396 orejas, de las cuales solo se cortaron 15. De las 15 orejas, solo dos no tuvieron en torno a tal concesión de trofeo, una amarga polémica por la evidente ridiculez de conceder un trofeo antaño tan preciado a faenas sin un solo pase completo, por ejemplo.

Hablamos entonces de menos de un 5% de triunfo en medio de un gran desierto de aburrimiento y rebajamiento. ¿No se puede considerar esto como un fracaso total? Y sin embargo, la presente temporada sigue teniendo mejores números que la temporada del 2012. Pero ante la evidencia de un fracaso con estrépito que seguramente incidirá en la caída en picada de los abonos y el número de asistentes, lo necesario aquí es preguntarse la naturaleza del fracaso: el toro y el torero.

De las 198 reses de lidia, solo el cabalístico número de 22 reses sirvieron para el espectáculo en más de un tercio, lo que no quiere decir que sean auténticamente bravas, pues de estas 22, la mayoría fueron toros mansos encastados, y solo salieron 5 toros bravos auténticos para los 3 tercios. Esta bravura no computa las corridas de rejones sino las de a pie, y se distribuye en 4 toros bravos en las corridas duras, y solo uno en las de monoencaste. 

Lo anterior deja una cosa en claro: de los 120 toros de monoencaste, solo uno fue realmente bravo (el sobrero de Sánchez Dalp, vía Núñez), y sirvieron para la lidia de muleta 8 toros :  osea, 9 toros de 120 del monoencaste sirvieron únicamente.

Mientras tanto, en las corridas denominadas duras, de 30 toros, 13 resultaron buenos para lidia en los tres tercios. De ellos, Bustillo II y Marinero, resultaron francamente bravos, y otros 6 toros de estas ganaderías duras, también con una nota más que sobresaliente. 

Malo, del monoencaste
Malo, que fungió como corrida dura, cuando Samuel Flores no entra ya en esta categoría.
La conclusión es que las corridas duras, con un número mucho menor de toros, pueden sacar un porcentaje más alto de éxito con respecto al apabullante monoencaste Domecq-Núñez. ¿Hay alguna razón entonces para continuar con el modelo del monoencaste? La respuesta de la empresa es clara: imponer un concepto de toro y de toreo que privilegie a los toreros que la empresa apodera, y a las ganaderías que la empresa maneja, así con ello la calidad del toreo sea de un exagerado 5% sobre 120 toros y 20 tardes. Un caso paradigmático de ello es la inclusión en dos tardes de la ganadería Jandilla durante esta temporada: procedencia Domecq del monoencaste más aberrante, y sin haber tenido mayores méritos que arruinar el mano a mano de Mora y Fandiño hace un año, echó en este 2013 a Las Ventas un total de 11 reses inválidas y sin casta. Y volverá. 

Otro factor tan diciente como el ganadero, es el de los toreros y los carteles. La inclusión de toreros sin méritos, la preminencia de las confirmaciones de alternativa, la injustificada invasión de toreros mexicanos justificada indecentemente con orejas de pueblo, la reiteración de los mismos libretos que antaño han fracasado: tal es la naturaleza de lo que en realidad debería ser otra cosa harto distinta: la inclusión de toreros con mérito (por ejemplo, Escribano, quien le cortó las dos orejas a un Miura de vuelta al ruedo en Sevilla), o la inclusión de toreros extranjeros en equilibrio de países y méritos (la ausencia de Fermín Rivera pero la inclusión de Silveti en el elenco mexicano), o la supresión de toreros sin nada (Luque y El Cid en varias tardes sin haber demostrado nada, y pasando por Madrid sin pena ni gloria). 

Ausencias como la de Juan Mora, Frascuelo, Lamelas, Moreno, Rivera, o incluso el citado Escribano, solo por decir algunos, le restan variedad a la feria, y también justicia. 

Otro tanto es la desgracia: cuando sale el toro, no hay torero; en esta temporada se hizo patente la abusiva ausencia de capacidad lidiadora de la gran mayoría de toreros, incluso figuras. Citar la vergonzante incapacidad de Talavante ante victorinos desrazados, la falta de recursos ante el picante segundo de Manzanares en la corrida de Victoriano del Río; la pésima espada de Fandiño, o la destoreada de la corrida de Baltasar Ibán por Urdiales, Mora y Bautista, es solo un tentempié de la desoladora realidad: los toreros han olvidado que un toro requiere terrenos, sabiduría a la hora de ponerlos en suerte y picarlos, modos de lidiarlos en las banderillas para corregir defectos, y conocimientos depurados de cómo ponerse para que el toro vaya, dure y luzca. Todo se redujo a ponerse donde estaban los papelillos, o sea, donde no había viento, lo que supone una reducción de ventajas para el toro, siendo la lidia la lucha a favor del animal, a fin de que este luzca su bravura en los 3 tercios. 

Toros como Bastonito (el reencauche del mítico del 94) o Baratillo, Matacanas, Brigada, o incluso Bustillo II, serán una incógnita para el aficionado, pues dejaron este mundo sin haber sido lidiados a la perfección, lo que pudo haber hecho lucir aún más la bravura que llevaban. En esta temporada Madrileña, se picó mal, poco y mucho, y salvo el ejemplar caso de la cuadrilla de Castaño y El Cid, los subalternos y el mismo lidiador, pasando por el director de lidia, no tienen idea de qué es la lidia correcta de un toro bravo en los 3 tercios. De las 198 reses, 16 fueron picadas en la querencia, cosa que revela la incapacidad de las cuadrillas para sujetar a un toro en todo un ruedo.

Ejemplo de perfección lidiadora: la cuadrilla de Castaño.

¿Cómo se puede llegar así a Madrid? Puede preguntarse uno en esta triste cosa.Un torero como Urdiales, quien debe resolver su temporada desde lo que haga en Madrid, se vio en 2 tardes y 4 toros con la misma apatía con la que el bravo Matacanas le dijo a Talavante que el toreado era el torero. Comentan los toreros, con mucha razón, que un triunfo en Las Ventas es algo devaluado, y que de poco sirve, como tampoco le sirvió de nada a Escribano salir por la puerta grande en Sevilla, y con miuras.

80% de las orejas concedidas fueron regaladas, y en la mayoría de los casos, premian al torero de una manera injusta, pues salieron toros de dos orejas a los que solo se les cortó una, y no por pinchar. Por ejemplo, a Perera le salió un mal presentado Alcurrucén de nombre Peladito, toro con transmisión y con series de hasta 7 pases, sin parar, y que duró 7 series de un total de 39 pases. ¿Qué más necesita un torero para cortar dos orejas en Madrid, además de salirle un toro de series de hasta 7 series con transmisión? Perera no puede responder, acaso porque su faena efectivamente sea de una sola oreja, y no de dos, como debería gracias al toro. Lo mismo le cabe en suerte al mexicano Joselito Adame, quien este año se llevó el gato al agua y tuvo en sus 2 comparecencias un total de 4 toros que embistieron con cierta casta y mucha nobleza (o sea, todo un regalo), cortando solamente una oreja y una oreja, cuando en un mundo justo debió cortar 8, pues en un mundo justo Adame debe saber aprovechar la nobleza y la suerte, y no, como en este mundo, recordar el destoreo poblerino, que al final termina acusando el noble toro español. 

Peor caso es el de las faenas que ni siquiera son de vuelta al ruedo, y a las que se les da una inexplicable oreja: el día de la corrida de Bohórquez, ante el diluvio de granizo que tapizó la plaza, el mexicano Silveti instrumentó una faena si una sola serie limpia, y sin un solo pase completo, a la que sin embargo se le otorgó una oreja, aduciendo todos que el torero se ha jugado la vida en medio de un diluvio: cabe preguntar si tal honor no lo mereció también al toro, pues el animal aguantó el granizo, con dos puyas costilleras y traseras, 6 banderillas mal puestas, y un matador que lo mareó a pases. ¿Se podría sin embargo honrar a este toro con los honores de la vuelta al ruedo, todo porque se quedó debajo del granizo? No, del mismo modo que la oreja de Silveti no vale nada, a menos que las orejas se den por circunstancias metereológicas, y no por el toreo: al toro se le da la vuelta al ruedo por bravo, y al torero, por haber toreado.

En cualquier caso, nombrar la falsa puerta grande de Talavante por una faena de oreja a la que se le dieron las dos sin pestañear, es hacer ver lo de Silveti, Perera, Adame, Manzanares, Ferrera o Castella, como épica taurina. Madrid ha bajado mucho el listón de la exigencia; ahora se le grita olé a pases cambiados por la espalda, a pases ayudados por alto y a faenas en las que una figura no se cruza una sola vez, cuando hace dos años esto era impensable en la hasta entonces "plaza más seria del mundo".

Hasta el momento, hemos ofrecido un panorama desolador en los aspectos ganaderos y taurinos, ¿pero acaso no fue así? A esto habría que sumarle la radicalización en contra del tendido 7, y la presentación de los toros. Siempre hay que preguntar, ¿por qué se culpa a Madrid de querer un "toro mastodonte", si plazas como Bilbao o Pamplona lo echan más grande, y nunca se acusa a estas dos plazas de lo mismo? Madrid no quiere un toro grande, pues de quererlo, nunca entraría a los corrales de Las Ventas una sola corrida de Baltasar Ibán. Lo peor, es que ahora Madrid ni siquiera sabe lo que quiere, o de quererlo, igual no puede hacer nada, ya que por desgracia no son los aficionados quienes controlan el baile de corrales. Como ya se ha contado, solo para Morante desfilaron un total de 20 toros en la de Beneficencia, y se parchó la corrida con los más pequeños. Hablar de las exigencias ganaderas de Madrid, cuando gracias a Taurodelta esta plaza se ha convertido en una dictadura de figuras y ganaderos donde el aficionado poco pinta, es más que socarrón. Se denuncia que Madrid ha sacado a los toros de su tipo, atacándolos de kilos para que puedan ser grandes y con romana, pero, ¿acaso no ha sido Betado, un Victoriano del Río de 650 kilos, el toro de monoencaste que mejor ha embestido en Madrid, incluso concediendo al toro el honor de la vuelta al ruedo? El tema está servido, pero no para los periodistas ni la empresa. 

Y a este punto es necesario llegar: Madrid es un fracaso, porque la empresa no tiene ninguna relación con el aficionado, más que la económica. El modelo de monoencaste y carteles sin mérito, funciona para beneficiar a Chopera, Casas y Matilla, porque estos dominan una concepción de la tauromaquia donde la ética de la bravura y el toreo auténtico no tiene cabida, y ofrecen una supuesta miseria para que esta contraste con el posible triunfo de las figuras del toreo, que precisamente estas 3 familias, apoderan. Pero este "posible triunfo" no puede ser auténtico en Madrid, ya que el público pide 3 tercios íntegros en la mediad de lo posible, y los toros de monoencaste, lo demuestran 111 toros, NO RESISTEN LOS 3 TERCIOS AUTÉNTICOS.  Sin la conjunción del toro bravo que exige el toreo auténtico pocas veces un espectáculo tan masificado, puede tener interés, pues este ocurre solo por error: con el manso de Talavante, con el manso encastado de Fandiño, con la corrida sin picar de Victoriano del Río, y pocas veces con el fulgor auténtico de la verdad: la bravura de Marinero y Pilarico para Castaño y su cuadrilla.  


El más bravo de San Isidro.

Entonces, Madrid fracasa así: por el toro, que no es el toro; por los toreros, que no torean; por los empresarios, que solo usan a la plaza para lucrarse, lo que es apenas deseable.

¿Qué hacer? En el tema del toro, mientra en Madrid se incluyen 20 tardes de monoencaste, en Francia las ganaderías bravas embisten:  Dolores Aguirre, Cebada Gago, Miura, Palha, Murteira Grave, La Quinta, Fuente Ymbro, en estos primeros 4 meses de temporada, han embestido en Francia, y no porque cruzando la frontera adquieran de ipso facto la bravura. Es más, en Francia el tercio de varas es auténtico. ¿Y los toreros? No nos riamos. 

Aunque podemos sugerir: no permitir más de un 30% de presencia de sangre Domecq y Núñez. Permitir al aficionado un 40% de soberanía para la inclusión de ganaderías y toreros, pues al fin y al cabo el aficionado es quien paga. Pedir reseñas gráficas de los toros en el campo. Pedir pedagogía sobre el tipo de cada encaste. Insistir en la necesidad de poner a las figuras a competir en carteles con toreros emergentes de las corridas duras, y en corrida duras. Regular el tercio de varas. Exigir que el torero con más antigüedad haga las veces de director de lidia. No permitir el monopolio de toreros mexicanos, pues todos los países del toro ajenos a España deberían tener igualdad de representación: torearon 5 mexicanos y solo 2 colombianos, mientras los otros países quedan en nada. No confeccionar la corrida de Beneficencia con un año de anticipación, sino atenerse a los triunfadores de San Isidro, así no sean figuras. Excluir de las premiaciones a los toreros involucrados en bailes de corrales, siendo Morante el campeón en esto. Mejorar los sistemas de compra, e ilegalizar aún más a los revendedores, pero no a los reventadores.

En conclusión, Madrid falla por que no está saliendo el toro de Madrid; falla, porque no están toreando los toreros de Madrid en las corridas de interés e importancia; falla, fundamentalemente y por todas las razones, al ser una plaza donde se reflejan las consecuencias del modelo actual, que de hecho es manejado por los 3 empresarios de la plaza: monoencaste, falta de diversidad y competencia, el aficionado como un ente que solo debe pagar, y no hablar ni pitar, a menos que quiera sufrir la ira de los columnistas.


Del Blog Cornadas para todos, la demencialmente sincera declaración de Choperita sobre el futuro de la plaza que su grupo maneja. 


En fin, este es el esplendor de las ruinas:


Javier Castaño con Ebanista y Pilarico de... por blogdetauromaquia
Javier Castaño con Sevillanito y Marinero de... por blogdetauromaquia
Alejandro Talavante con Artillero de Victoriano... por blogdetauromaquia
Iván Fandiño con Grosella de Parladé en Madrid... por blogdetauromaquia
Juan Bautista con Lanzavientos de Carmen... por blogdetauromaquia
Alejandro Talavante con Matacanas de Victorino... por blogdetauromaquia
Miguel Ángel Perera con Peladito de Alcurrucén... por blogdetauromaquia
Rafaelillo con Bustillo II de José Escolar en... por blogdetauromaquia
Uceda Leal con Costasol de Sánchez-Dalp en... por blogdetauromaquia

jueves, 16 de mayo de 2013

Juan Pedro Domecq y las figuras: una sola vergüenza



El día de hoy hubo una gran exposición bovina en Las Ventas. A pedido expreso de José María Manzanares y de Morante de la Puebla, salieron al ruedo de la primera plaza del mundo 6 bovinos dispuestos así para la observancia del público. Herbívoros que pudieran clasificar para aquellas exposiciones donde se mide cuánta grasa puede tener una raza, o cuánto tiempo (entre menos sea, mejor) es el requerido para levantarlos. Desde luego que para eso del toreo, si se entiende la pasión y muerte de un toro en 3 tercios, definitivamente no hubo bovino apto.

6 animales miserablemente presentados por fuera de tipo, y con un juego peor. Ya nos tienen acostumbrados a las inyecciones de ácido hialurónico a los toros fungiendo como tercio de varas. ¿Tercio de varas? ¿Aquel salvaje aparte del ritual en donde al toro se le citaba varias veces para que acudiera a mostrar su bravura en el peto, mientras el torero montado le metía las cuerdas? Las corridas de toros van marchando cada vez más hacia las corridas incruentas, y hacia la vana sofisticación burguesa. Horror a la sangre y amor al arte.

Y como es amor al arte, y no al toreo, el toro es lo de menos. Los animales no son tenidos en cuenta, pese al esfuerzo del ganadero que quiere enviar un producto artista para la exposición bovina. Con todo, vimos toros escurridos de carnes, sin amplitud de caja, cornalones por las fundas, pero de cara que no dejaba mucha edad: que estos pobres ganaderos de los hierros del monoencaste la están pasando mal en el campo, dehesas devastadas por la pobreza y la ausencia de flujo de caja, que por ello mandan sus toros así de pobres:

La amplitud de la caja de este pobre de cabos finos, elegante y grácil como el toreo del matador que lo torea.
Jiménez Fortés está ahí por arrimarse, pero por torear definitivamente no: ya lo mostró en Bilbao, en su encerrona en Málaga, y hoy en Las Ventas: un torero con mucho arrojo y quietud, como el primer Castella, pero que carece de cualquier atisbo de profundidad. Grave error es ponerlo sin que él se lo gane aún.

Morante hizo el número de siempre: como es "torero de sentimiento", solo torea cuando siente, cuando lo visitan las musas (que después se riegan hacia los periodistas y comentaristas); da la terrible casualidad que al torero solo lo visitan las musas, precisamente cuando su toro es un perro noble de embestida recta y de presencia cuasi inofensiva (Criadero, Alboroto); en cuanto a Morante le sale un toro que proteste poco en su embestida, o plantee un laberinto que solo la lidia resuelve, se va por la espada y lo mata de cualquier manera. Como tiene toda una cohorte de aduladores y lambericas que le aplauden todo, llamada MORANTISMO, da igual si pega el petardo ("que hasta para eso tiene arte"), o si deja ir al toro en un total abuso de desperdicio con la vida bovina, el ritual de la corrida o la noción de decencia. Por ello, que supervise por la mañana el estado del ruedo , solo puede ser un hado irónico y abusivo del destino. En cuanto su segundo reveló algo de genio, se fue tras la espada y se ganó una bronca, ¿por qué? ¿no se supone que el barroquismo del ARTE también debería poderse con el toreo de piernas y el macheteo a pitón y costillar contrario? Morante, lejos de querer hermanarse con Frascuelo, Cagancho, Curro Puya, Curro Romero o Cúchares, solo nos demuestra que estamos en la época de las versiones reducidas.

Y como de pundonor torero y conmemorar el aniversario de la muerte de Joselito El Gallo se trataba, nada mejor que cerrar con el pegapasismo de Manzanares. Muchos están mirándose el ombligo pensando por qué semejante faena no caló en los tendidos: para empezar, sus toros no pasarían en una exposición bovina en la categoría a mejor novillo: gráciles, inofensivos de presencia, apenas tocados en la puya como si se tratara de sexo adolescente, o se perpetuara el sistema-tabú con la sangre que cree Pitt Rivers compone el universo simbólico de la corrida andaluza. Entonces tenemos un bichito con el que nadie debe asustarse y que solo puede torearse a media altura, pues si se le saca el muletazo debajo de la pala del pitón, el toro muere. ¿Y qué hizo el alicantino? Un desvergonzado performance de pegapasismo, o sea, pegar pases sin la mínima noción de ajustamiento, si a eso sumamos su tan puro concepto habitual (descargue de suerte, fuera de cacho, pico de muleta).


La distancia que impone el pico de la muleta, el fuera de cacho y el descargue de la suerte, hace que realmente este torero nunca se pase por la faja un toro. No se puede torear más desprendido, incluso de los conceptos (pues lidia un toro abstracto); mucha mano en la cadera, mucho empaque, qué desperdicio!, y sin embargo se le tiene como una figura del toreo. Bollaín decía que para saber si hay verdad en el toreo, y no pega pases, hay que mirar la situación de las zapatillas con respecto a las patas del toro. En el caso de Manzanares, el toreo no puede ser confundido con pegar trapazos estéticos, pero sin riesgo real, pues entre el toro y manzanares, cabe otro super modelo de pasarela:

El pico de la muleta es un recurso lícito cuando un toro se recuesta, precisamente porque al ser la parte más lejana de la muleta, sirve para alejar al toro del cuerpo. En esta secuencia del 2o muletazo de una serie, la distancia puesta en cuadrados demuestra que entre el toro y Manzanares cabe otro Manzanares, por lo que hay que imaginar dos Manzanares en el mundo de los toros, qué horror!

¿Y qué pasa el final? Otro petardo del monoencaste que es minimizado bajo todos los medios por los periodistas a sueldo, y por esa facción del público taurino que solo irá este año a esa corrida, y quizá a otra más con similar cartel, esperando que a Morante se le aparezca la tan codiciada musa, o que a Manzanares un toro le deje producir formas estéticas: para ello los maestros tienen derecho a pedir un toro a su modo, pues el buen trabajador nunca le echa la culpa a las herramientas.

La revolución del El Gallo y Belmonte hace un siglo consistió en adaptar un concepto del toreo a una clase de toro ya existente: en eso radica la grandeza de ambos, y se conoce en mor de ellos a tal época como la DORADA del toreo. Hoy es al revés: se intenta adaptar al toro a un concepto del toreo, precisamente el más estético, pero el más mentiroso. ¿Qué es lo contrario a época dorada? Desde luego que los toreros de hoy no sabrían responder, ni mucho menos el ganadero: hoy los 3 se fueron a casa con el sueldo cobrado, no se esforzaron para nada, y tienen más tardes en la feria, ¿quién pide más en la puta vida? Los 3 forman una sola vergüenza, pero a ellos no les importa en lo más mínimo, ahí están los ignorantes para aplaudirles y aceptarles esa desesperada búsqueda por el arte.

Foto del artículo de Antolín Castro
 se demuestra el ajustamiento y el grave riesgo que corre la artística vida de Manzanares; uno no puede tomarse estas ventajas como si se tratara de torear un Cuadri en celo de 9 años

lunes, 29 de abril de 2013

Sobre las novilladas de Las Ventas.


Click para ver al novillo presentado, que no toro.
El astado de arriba, que supuestamente puede pasar como toro en cualquier plaza del mundo, sale en novilladas con picadores en Madrid, hecho que para algunos supone un escándalo. ¿Y por qué? Hace un año El Juli trinó y se levantaron de inmediato las voces de rechazo, que en el fondo intentan limar las asperezas naturales de un rito de muerte con dichos reclamos, que evidencia la sugestión de culpabilidad que siempre encierra en la afición la muerte o desgracia del torero (Joselito, Manolete, Yiyo). Entonces es necesario preguntarse, ¿es ético enviar al novillero a estas novilladas de Madrid?

La tauromaquia es un ejercicio difícil, el torero ha de enfrentar tarde a tarde a una amenaza mortal, a la realidad de la muerte misma,  por lo que hablar de confort en estos temas resulta extraño, cuando menos engañoso. Pareciera que algunos pretenden que el novillero debe apartarse de esta realidad, máxime si olvidamos que precisamente ha de foguearse con la muerte para aprender a afrontarla. Es obvio que todo debe tener un enfoque gradual, esto es, que al becerrista que apenas lleve 10 paseíllos no se le puede hacer debutar con picadores en Las Ventas, pues no estaría en condiciones de lidiar.
Sin embargo, un análisis más minucioso nos explicará la naturaleza de estas novilladas; mi posición es que el problema no son las novilladas.

Para empezar, hay que dejar claro el respeto a todos los novilleros del mundo, que hoy no tienen que moverse entre el hambre y el desarraigo de las sociedades convulsas, como los maletillas, pero que sí deben hacerlo en una sociedad hostil contra el toreo cada vez más radicalizada. Precisamente ese respeto pasa por darles la medida justa, ser sincero con ellos y permitir que como siempre, sea el toro quien revele sus virtudes y defectos. Para eso son las novilladas de Las Ventas, Alternativas sin rito que dan la justa medida, revelan falencias a superar y descubren virtudes apreciables, todo como un ejercicio pedagógico.
Las novilladas de Las Ventas se presentan así como un ejercicio que pone en cintura y mide la realidad de cada tauromaquia de los novilleros, lanzando sobre ellos una advertencia sobre si tienen madera para torero o no, y bajo qué presupuestos, imposibles de ver en otras plazas, donde la especialidad es el olé incondicional y el aplauso de focas. Estas novilladas son una suerte de alternativa sin rito, y por ello importante como tauromaquia. Lo grave es confundirlo con un ejercicio de torismo despótico, como si pudiera decirse lo mismo de las anteriores tradiciones novilleriles taurinas: maletillas, Valle del Terror, capeas con vacas cinqueñas toreadas, los amigos muertos y la pobreza arreando.


Click. Previsualizaciones de los videos sobre novilladas de Madrid

Tras la introducción de las escuelas taurinas con la iniciativa del maestro Andrés Vázquez, se despojó al trámite de querer ser torero lo más áspero de su naturaleza, desde el hambre y la necesidad hasta la falta de pedagogía, la ignorancia a la hora de enfrentar esta u otra embestida o la falta de rigor en los métodos…todo ello atendiendo a un sentido de la humanidad y de la Academia que ciertamente es innegable en su bondad, pero que tampoco puede suavizarse hasta el punto de rasgarse las vestiduras por las novilladas de Madrid.

Las novillas de Las Ventas arrojan otros puntos críticos sin embargo, pues a mi parecer lo que está mal es que un novillo de Las Ventas goce de más trapío que muchos de los toros lidiados por aquellos que se molestan públicamente, para la muestra un botón:



Quizá también, que sean los novilleros quienes tengan que matar hierros de encastes minoritarios, por ejemplo, como las auténticas ráfagas de demonios que fueron los Moreno de Silva, que enviaron en dos novilladas a 9 toreros a la enfermería heridos, entre novilleros y subalternos, mientras otros arriba van tan cómodos; el hierro bravo y minoritario solo ve rentabilidad en la novillada, pues se ahorra uno o dos años de cría y es una opción real frente a la ausencia de compra de toros en el circuito mayor, monopolizado por el monoencaste; en un mundo justo, el hierro duro debería estar con el torero maestro. Lo anterior es quizá la única objeción moral contra las novilladas de Las Ventas, pero con obviedad, la culpa no es de los organizadores de las mismas:

Toro (jejej) de monoencaste, exultante de bravura.

 Las novilladas de Las Ventas deben ser defendidas pues se ajustan a la realidad de la Fiesta y de la primera plaza del mundo, mas sus criterios de selección en cuanto a actuantes, deben ajustarse a los novilleros punteros y con un bagaje comprobable; no he leído al primer novillero quejarse, y aunque la suspicacia impone que guardarían silencio para no enemistarse con el sistema, la verdad es que todos sueñan con una oportunidad de triunfo en Madrid, y si la sueñan, son conscientes de la intensidad del toro que allí sale, lo que hace grande el triunfo cuando pasa.

Así las cosas, hay que entender estos 3 principios: que la Fiesta no es un ejercicio fácil y de confort, por lo tanto la educación en la dureza es correcta; que lo malo es quién lidia estas novilladas complicadas, por lo que habría que pensar en organizar de una vez por todas el circuito novilleril atenidos a la realidad para que sean lidiadas por novilleros toreados;  y que lo único escandaloso de las novilladas de Madrid es que envían un mensaje sobre los toros que los del escalafón de arriba están matando. En consecuencia no hablamos de tamaños, volúmenes, metros de pitones ni demás memeces ultra toristas, sino del trapío que da la edad, pues no hay que obviar que en el fondo, la lucha contra los abusos de las figuras se reduce a la edad de los toros que lidian, edad que arroja unas hechuras imposibles de negar, y edad que cada vez más va bajando, junto al monoencaste, habida cuenta de que las juntas técnicas le rechazan los toros reseñados. Solo en la pasada feria de Sevilla, 32 toros de monoencaste fueron rechazados al no cumplir con las condiciones zootécnicas de trapío mínimas: 32 toros rechazados en tardes donde actuaban figuras, hecho sobre el que nadie se rasgó las vestiduras.

 Un torero en maestro debe lidiar corridas cinqueñas pues es el punto máximo de exigencia y maestría lo que ocurre en aquellos toreos con cinqueños. Un novillero se debe mover bajo la edad de los 5 años, o sea, dentro de los 4 y 3 años del toro. Lo inmoral es que se lidie la misma edad en novilleros y toreros, y por supuesto que la culpa aquí no la tiene ni el novillero, ni quien organiza la novillada. La culpa la tiene quien no se atiene a la lógica. Las novilladas de Madrid se atienen a la lógica, y es un ejercicio más inolvidable para el novillero, que moverse en un mundo que no lo prepare para ser matador de toros. Entiéndase que no es un llamado a la carnicería de muchachos con ilusiones.

En conclusión, la única objeción moral contra las novilladas de Madrid no son las novilladas mismas, sino el contraste que plantea entre lo que mata un novillero en la primera plaza del mundo, y lo que matan los primeros toreros del mundo, donde la inversión es clara. Rasgarse las vestiduras de tal manera, solo responde a un fondo en el cual ver tanta tauromaquia light ha hecho que fenómenos como la indultitis o el toro sin presentación tapado por el toreo de un espada, radica en obviar verdades profundas y violentas del toreo, que cuando pasan, generan rechazo generalizado, como por ejemplo estas novilladas.

Por sus cortas patas y lo estrecho de su columna, este Guadaira lidiado ayer en Madrid da cuenta de su condición: NOVILLO




viernes, 26 de abril de 2013

¿DEBEN LAS FIGURAS LIDIAR TOROS DE OTROS ENCASTES?



El Juli en Madrid con un Pablo Romero; entonces era respetado por la afición Venteña.
Entre las preguntas que suscita la tauromaquia posmoderna, hay una que por su cariz de definitiva en el futuro de la tauromaquia se sobrepone al resto: ¿DEBEN las figuras del toreo lidiar hierros de otras ganaderías, encastes y tipos? Esa sería la pregunta. Sin embargo, a mi parecer la pregunta está terriblemente mal formulada, pues debería ser ¿PUEDEN las figuras del toreo, lidiar otros encastes…?
En la pasada encerrona de Manzanares en Sevilla, donde un simple toro de Victorino Martín mal presentado y sin el genio de su casa logró poner en entredicho los conocimientos de la lidia de una supuesta figura del toreo, se evidencia una respuesta muy clara.

Pero antes, hay que sustraer el problema con una pregunta anterior: ¿por qué deben lidiar las figuras del toreo toros de otros encastes? Ante esta pregunta que subyace a la más general, hay que aclarar de inmediato que ante todo es inadmisible el tipo de argumentación mediocre y conformista, que extiende la extraña especie que las figuras del toreo “no tienen nada que demostrar, pueden exigir lo que les venga en gana, y se ganaron su sitio”; el toreo no es un plan vacacional ni de jubilación, y en toda la historia del toreo, las figuras en cada época dieron la cara con los hierros duros en las plazas duras para reivindicarse. Permítanme un ejemplo: el torero artista más regular de todos los tiempos, Antonio Ordoñez, le daba la alternativa en provincia al novillero que despuntaba y se erigía como promesa del toreo, o sea, como alguien capaz de derrocar a Ordoñez de su trono. Luego de dársela entre los algodones de poder elegir sus toros y en la provincia, le confirmaba la alternativa en Madrid, pero con toros de Pablo Romero. Lo que hacía Ordoñez entonces era darle dimensión real a su tauromaquia y a la del toricantano, midiéndola con un hierro poderoso que exigiera sus conocimientos, valor y arte al máximo. Hay que anotar que Ordoñez siempre salió victorioso de esa corrida peculiar, mientras que el alternativado, que había triunfado en la provincia en su alternativa, se estrellaba de frente con los Pablo Romero. Hoy, todos aceptamos como dogma general que Ordoñez es un maestro de la tauromaquia, y no el novillero incapaz perdido en la historia; pero además, hoy, tal cosa sería impensable de hacerse, pues las figuras del toreo no salen de un circuito de 9 ganaderías de encaste Domecq y mixturas de Domecq con Núñez, y perpetúan este circuito en todas las plazas. El problema no solo resulta en lo eminentemente taurino (qué tan lícito es lidiar solo un encaste y proclamarse como figura), sino que el problema central de este fenómeno, llamado monoencaste, es que redunda en una afectación a otras ganaderías fuera del circuito, que no son lidiadas por las figuras que acaparan el 70% de los carteles, y que por ello les sobreviene el riesgo de quebrar en lo económico, y extinguirse en lo genético. El hecho de agrupar la tendencia mayoritaria en tan pocas ganaderías, ha degenerado en que el resto, sobre todo las más bravas, lidien tan poco que la ganadería termina desapareciendo, y con ella su encaste, casta y genética particular.
Pablo Romero, un gallardo apunto de desaparecer para siempre, pese a que antes El Juli "podía pegarle pases de pecho"

Ante este fenómeno descrito, la solución es perfectamente formulable: quienes ocupan el 70% de los carteles en un declarado monopolio, pueden salvar a hierros a punto de extinguirse (Partido de Resina, los Coquillas, los Urcolas, los Barcial, por ejemplo) con el simple hecho de lidiarlos, pues se le compra un encierro al ganadero, que le inyecta capital a su ganadería y la saca avante. Por eso, se supondría que las figuras, además de lo técnicamente taurino, éticamente deberían lidiar estos hierros.

Un fenómeno reciente en la sociedad taurina es el reiterado llamado de la afición sobre las figuras, exigiendo con humildad que los maestros del toreo actual lidien hierros con mucho mayor interés en los 3 tercios, mayor presentación en su tipo (que no es sinónimo de toro grande), mayor transmisión de peligro y que le dé variedad a las cosas, cosa que además ayudaría a las ganaderías que las mismas figuras y su sistema han puesto en peligro. De inmediato, el bando de los periodistas pagos y los aficionados acartonados en una fe particular (Julismo, Manzanarismo, Morantismo, Tomasismo), confunden estos justos reclamos con un ataque a la diversidad de la fiesta, pues pretenden pensar que lo que procura el aficionado torista, purista o integrista, es decretar una sola Fiesta donde no cabe el toreo de arte, que supuestamente solo es posible, cosas del mundo de las conveniencias, con 9 hierros: el monoencaste.

En realidad lo anterior es una argumentación infundada, pues el reclamo sobre las figuras apunta precisamente a garantizar mayor variedad y riqueza en la tauromaquia, cosa que pasa por establecer muchas tauromaquias válidas, tauromaquias pues que necesitarían muchos toros distintos en cuanto a encastes, presentación y castas, como ha sucedido en todas las épocas del toreo. Quienes realmente quieren imponer un monocriterio en la fiesta, son los toreristas a pies juntos, pues su sistema solo admite un encaste, 9 ganaderías, y 10 toreros. Al final, el modelo resentido termina en que el aficionado va a los toros con un profundo interés sociológico, mas no A LOS TOROS, como esto se ha conocido desde siempre. Pero en últimas, estamos ante una verdad auténtica más apabullante: históricamente, los conatos de monoencaste han degenerado, esto es, las ganaderías que algunas figuras en todas las épocas del toreo prefirieron, terminaron por desaparecer, pues bajando tanto las cotas de casta y presentación para satisfacer a los toreros (que humanamente prefieren el dócil al terrorífico), al final se quedaron sin toros bravos ante la erosión genética. Por eso, nadie en la geografía taurina puede hallar hoy un toro en lo de Urquijo, monoencaste de los años 30. Por desgracia contemporánea, en aquella época las ganaderías convivían en armonía económica, pues el mercado era más variado. Hoy, con monopolio, corremos un riesgo altísimo: que las bravas terminen todas extintas en el matadero, y que el monoencaste toque fondo, con lo que ya no existiría el toro de lidia, y sin él, el toreo.

Todos los focos taurinos deberían estar puestos en una campaña contra la extinción de estos toros míticos de Pablo Romero, hoy Partido de Resina.
A todas luces estamos ante una cuestión grave, que se torna más desoladora si consideramos la pregunta ¿PUEDEN las figuras del toreo, lidiar otros encastes…?

Aquí hay que hacer una nueva digresión histórica: las figuras cuestionadas cada vez más por amplios sectores de la afición, decidieron desde este 2013 hacer lo que llaman “gestas”, de naturaleza profundamente envidiosa (por ejemplo, lidiar UN SOLO TORO de Victorino Martín y el resto de monoencaste), ante el paso adelante que dio Talavante, un torero que ya ha dado la cara con hierros como Ana Romero, Adolfo Martín o Baltasar Ibán: encerrarse en Madrid con 6 Victorinos. De inmediato, sus compañeros tuvieron que validarse anunciando esta clase de gestas, y allí los tenemos, lidiando como gesto simbólico uno o dos toros distintos al Domecq. Hasta el momento, pagar esta apuesta ha sido escabrosa:

Manzanares quedó en evidencia con el Victorino, hecho que la prensa ha tapado de manera ridícula. Por ejemplo, ni Mundotoro, ni Burladero ni Aplausos ni Cultoro (lo que podríamos llamar el cuadrado del mal mediático taurino) informaron que a Manzanares el Victorino le tragó tanto los terrenos, que terminó comiéndole la muleta, con lo que el maestro no tuvo otra opción que salir huyendo, cosa que tiene una narrativa distinta a decir simplemente “desarme”. Lo de menos es eso, no hay torero que no haya sido desarmado, aunque deberíamos considerar de qué manera y por qué. Lo que ilustra una foto más debajo de las que documentan el desarme y la huida de Manzanares, es que estos supuestos maestros del toreo, tienen una cantidad de falencias técnicas que rayan en lo novilleril, pues se están acostumbrando a una clase de toro rebajado, que solo responde al último tercio (esto es, que en mi concepto personal no se les puede llamar como BRAVOS) de manera dócil y dirigida, que se romperían en dos con toreo en redondo (que no circular) y que los ha malacostumbrado a lo que debe entenderse: la técnica en la guerra de torear. Hay varias caracterizaciones de esto: El Juli y su cornada por intentar torear en redondo a un toro manso y con derrotes (error técnico de un supuesto maestro “con todas las tauromaquia en su cabeza”), o la consecuencia del descargue de suerte de Manzanares (que el toro bravo le coma los terrenos que el torero no gana, con lo que termina comiéndose vivo al supuesto maestro del toreo). Por ello, debemos decir que El Juli no tiene todas las tauromaquias en su cabeza (le falta el toreo de poder y en 8`s para el manso), y que Manzanares está sostenido en un concepto impracticable con un toro bravo (el descargue de la suerte), cosa que suplen con estos errores técnicos ya dichos. Si El Juli fue corneado por una torpeza semejante, cosa que ya hemos lamentado profundamente y nos dolió, Manzanares ante el bravo con terrenos ganados instrumenta otra faceta rayana en lo ridículo: el toreo de poder se ejemplifica como la manera en que el torero logra dominar el poderío del toro con el poderío de su muleta, para así, tras lidiarlo, torearlo en redondo. Se efectúa entre otras cosas, con toques y macheteos a pitón y costillar contrario, para lo que hay que tener garbo y valentía, pues mientras el torero toca a pitón contrario para que el toro revuelva y baje, concluido esto el toro queda puesto en el terreno del torero. Manzanares, empero, y tras verse incapaz de torear al Victorino con su particular estilo decidió machetearlo, con lo que inauguró una nueva técnica de este hermoso arte de tocar al pitón contrario del toro: tocar a ijar contrario, cosa que sale en la tercera foto, y que expone una sombría respuesta a ¿pueden las figuras del toreo, como supuestos maestros de la tauromaquia, lidiar otros encastes?

En últimas, se trata del modelo taurino actual, que tiene en la cabeza a varios colados, y que indefectiblemente se llevará a la cabaña brava al abismo. No hay que obviar que en breve, los últimos Coquillas serán lidiados en Francia, y con ellos, se pone sobre nosotros la imagen de la vergüenza, pues antitaurinamente estamos contribuyendo a la extinción del toro bravo, y con él, nunca mejor repetido, de la tauromaquia misma. Entre El Juli y Manzanares, solo el primero puede quizas osar a lidiar estos hierros, y en consecuencia, optar a títulos como "figura del toreo" o "maestro de la tauromaquia".


Naturalmente como todo torero desarmado hay que correr,

Al maestro de la tauromaquia no le han explicado que cuando se machetea el toque debe ser a costillar y/o pitón contrario, aquí la muleta descansa en el ijar de la línea de toreo, y del empaque que tanto ostenta en la muleta no queda sino esta pose