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martes, 21 de mayo de 2013

En defensa de la encerrona de Talavante



Hay que declarar la intención: yo defiendo la encerrona de Alejandro Talavante en Madrid. Su deprimente fracaso cuenta con un poder demostrativo tal, que puede decirse que es casi una radiografía de la Fiesta. Su triste incapacidad para afrontar un discreto encierro de Victorino, es asustante, pero me interesa el movimiento que ha suscitado. ¿Qué puede decirse de esta rarísima corrida? Todo fue irreal, como la foto que abre esta post: una plaza plomiza, impresión que reforzaban los cárdenos que se negaban a la habitual explosión de bravura que hasta hace algunos años caracterizaba el hierro. Talavante con un raro traje, su rostro pálido, incluso con una luz blanca como en la foto, y su boca puramente roja de pánico, prefigurando el cadáver de los toros que iba a matar mal. Luego, la nulidad absoluta: de la plaza, de los toros, del torero, del toreo, de la lidia. Aquello desde luego no se pareció en nada a una corrida de toros, careció de cualquier significado y emoción, más parecía un ensayo. Talavante parecía un muerto triste.

¿Qué decir? No deja de abofetear un hecho: que una considerada figura del toreo, se deje comer viva por una corrida dura de menor expresión. Y no es la primera vez del año: ya he dicho que Manzanares, con un Victorino más descastado y mal presentado, hizo en Sevilla un ridículo de proporciones manzanaristas; entonces no hablamos de Talavante y su petardo, sino de algo más efectivo, como que las figuras del toreo de la posmodernidad son la farsa. Uno puede imaginarse muertos de miedo y de incompetencia, a este grupo de figurillas ante un encierro encastado de Cuadri que se desvíe medio milímetro de la acometida absolutamente recta. Por ello, y amparado en la oreja que cortó pueblerinamente Perera en este San Isidro, uno está tentado a decir que las figuras del toreo no torean según la expresión más exacta de lo que se ha conocido desde siempre por torear, sino que instrumentan un producto reducido y falso: no hay toreo y no hay toro, pues no hay bravura real, ni desvío y canalización de esta bravura, pues torear es llevar al toro por donde este no quiere ir, o sea, no en línea recta, su viaje natural; estamos ante la muy dudosa capacidad de acompañar la embestida dócil, en línea recta, pues la debilidad de estos toritos no los deja ir rotos en curvas; entonces no es estrictamente torear, es acompañar, y hacerlo con estética y asentamiento; ¿pero esto puede considerarse como toreo en alguna otra época de nuestra historia, o como pegapasimo más bien? ¿Por qué todo se descuaderna, en cuanto salga un toro auténticamente bravo, e incluso con la mitad de un bravo, ante lo visto en Sevilla y Madrid? ¿Qué clase de tauromaquia es esta?

Entonces uno se remite a la célebre conferencia del maestro Domingo Ortega. Con una humildad no exenta de autoridad, el maestro explica qué es torear, y lo hace hablando sobre la bravura del toro en el 70% de la conferencia. Entonces saber qué es torear debe pasar con necesidad por el toro, y por el arreglo que se tenga para negarlo como entidad sagrada: si va recto, romperlo en curvas cargando la suerte y obligando al animal por ahí. Si galopa por bravo, ralentizar su embestida en la operación de templarlo. Si su naturalidad implica la querencia, torearlo en los medios, donde irá con más bravura al verse sin el cobijo de las tablas. Si su bravura es una furiosa demostración de la vida, matarlo ritualmente, pues el toreo es esto.  Pero antes de estas operaciones, que el maestro basa en dos principios (cargar uno, y templar, el segundo) se debe saber reconocer dónde hay bravura y dónde no. De ahí que no tan inexplicablemente, en esta conferencia el maestro vuelva constantemente sobre la necesidad de introducir el indulto en las plazas españolas de los años 60`s, como medida efectiva para garantizar la bravura en las ganaderías. ¿Uno de los toreros más puros de la historia, abogando por el indulto en Madrid?


Una nota de Salmonetes; algunos críticos inventaron que un inexistente hermano de El Cid picó para Talavante. La verdad es que la lidia, comprendida como la brega del toro en los 3 tercios, fue durante la encerrona menos que estudiantil y miserable, lo que influyó en toros plomizos para la muleta, y si al frente le ponen un torero que está como zombie, ya que no sabe qué hacer con lo que le sale al frente, tan fuera del libreto AL SER MEDIANAMENTE BRAVO

Todo este rodeo viene a un juego matemático: una figura con medio toro realmente bravo, es igual a cero (o). Una figura, con un toro sin tercio de varas, sin toreo en redondo, sin sometimiento, sin muletazos rematados en la pala del pitón contrario, y con un toreo de descargue de suerte, perfilismo y trayectorias lineales estando el torero fuera de cacho y sin bragueta, quizá pueda cortar las dos orejas, lo que es igual a 1, pero bajo un sistema donde un 1 en las figuras, no es igual a un 1 con corridas duras. Me explico la estupidez que estoy diciendo: desde luego que si le creemos al maestro Ortega, torear pasa por el toro, y el 1 del toro bravo es más valioso que el 1 reducido del toroburra. Si una figura no puede demostrar que posee ambos, que le puede a ambos toros, está por debajo de la historia, no es figura.

La encerrona de Talavante es importante porque evidencia que la radical separación entre ambas concepciones taurinas, se está tornando cada vez más irreconciliable. Tenemos una disyuntiva: elegir entre la diversidad de encastes, la riqueza genética, el tercio de varas, la bravura y los valores fundamentales, o el toreo posmoderno de las figuras. Ambas cosas no pueden subsistir en una sola órbita, y no porque sea imposible. El siguiente video demuestra que desde Andrés Vázquez hasta Manuel Caballero, pasando por una increíble faena de El Niño de la Capea, es posible torear quieto, asentado, con arte y ligazón a un victorino durante una encerrona en Madrid, con todo lo que esto significa. Si las figuras de hoy no lo logran, no es porque no se pueda: ES POR QUE ELLAS NO PUEDEN:


Historia de una gesta - Encerronas con Victorinos por blogdetauromaquia

Cuando se supone que este hecho activaría a getas ignorantes como Paco Mora o José Llorente, siempre dispuestas a clamar que el toreo ya no necesita del toro auténticamente bravo, uno se sorprende viendo que los toreristas no están clamando algo como "Ea! Se demostró que el toreo bonito no es posible con un toro desactualizado como este! Se legitima Domecq y el monoencaste, necesitamos estos toros para divertirnos en la plaza, pues a eso vamos, je! je!". ¿Por qué no lo claman a los 4 vientos como una verdad autoevidente, patente en el fracaso de la encerrona? Uno solo puede responder que incluso ellos mismos han captado la gran ausencia de técnica de todas las figuras del toreo, sometidas cada vez más a la comodidad del toro-perro, y con ello al olvido de lo que debe ser la fiesta: una guerra hecha danza, no un simulacro hecho danza. Ellos han visto que el toro que sale no es la tonta del bote, pues este toro duro plantea dificultades que suscitan interés, que hace que haya una especie de vilo en la plaza, similar a cuando el toro romanea, dejando suspenso en el aire al caballo: así es el aficionado. Han visto que esas dificultades sobrepasan a un supuesto maestro, y aquí no solo hay que meter a Talavante, pues no hay que olvidar a Manzanares, a Perera con Peladito, incluso a El Juli en Lima la última vez, cuando la plaza rechazó el becerro que salió por los chiqueros, y le salió entonces un sobrero de Colombia, un jabonero de casi 600 kilos que lo puso en aprietos, cosa que ha pasado desapercibida. Ellos notan pues que la supuesta maestría se ve incapacitada cuando sale un toro distinto, que nosotros reconocemos como más bravo que los demás, y que incluso uno tiene que entender que no es un Coimbra en Ceret, es un Victorino Martín engordado, lavado de cara, dulce y sin remate, ni bravura, y aún así la figura sale perdiendo.

Todas aquellas cosas como el medio pecho, el cite semidefrente, la cargazón o el planchado de la muleta, no son juegos de discurso de aquellos que no comulgamos con el toreo de las figuras: es algo inherente al espíritu de la lidia, y la única manera posible de lidiar y torear un toro de lidia.  Con este componente de verdad no pretendemos que todos los toreros sean cortados con el mismo molde, esto sería asegurar que una faena de Antoñete puede ser idéntica a una de El Viti, o una de Morante (de las que ocurren cada vez que hay cambio de gobierno en Cuba) es igual a una de César Rincón. Lo de Talavante, se suponía que iba a romper la barrera entre esa falsa dicotomía de torismo y torerismo, al igual que la corrida de Miuras en Sevilla, con el niño terrible de Velilla a bordo, y que se vio frustrada por una cornada. Se suponía que ver derrotada la encerrona, llenaría de argumentos a los toreristas, y no fue así. En ese sentido, esta encerrona es de agradecer: dejó las cosa en evidencia de una manera poderosa.

Su irrealidad es la irrealidad del toreo de las figuras.

Para finalizar, mucho se ha hablado de la faena al tercero. A mí me gustó, pese a la infantil lidia que se le dio a un toro de interés (pero no de puerta grande); me gustó pues,  porque es la máxima dimensión REAL que uno puede suponer de la tauromaquia de Talavante, y de muchas figuras. Uno recuerda la serie de naturales sin tocar al toro de Urdiales en Bilbao 2012, o de Robleño en Arles 2013, precisamente ante victorinos más encastados: tuvieron sitio, colocación, temple, y la maestría de llevar toreado un toro sin tocarlo, parados en un ladrillo, o sea asentados. En mis matemáticas amargadas, ese 1 vale más que el 1 de esta faena:


Alejandro Talavante con Matacanas de Victorino... por blogdetauromaquia

A Talavante hay que agradecerle el gesto que no concluyó; también, que haya hecho el spot: querrámos o no, nos pudo dar visibilidad social. Hay que aplaudir el hecho de marginarse de la línea Domecq con una apuesta ambiciosa: al fin y al cabo es lo que pedimos de las figuras. Hay que agradecer, de manera fundamental, que haya servido como una evidencia para lo que he dicho. Yo defiendo la encerrona, a Talavante, y espero que él no se quede con la espina, con su orgullo propio herido. Ya dio un paso, a diferencia del resto, y eso hay que estimarlo. Es como cuando un hijo aprende a caminar: se caerá muchas veces, pero en el fondo eso no es caerse.

lunes, 29 de abril de 2013

Sobre las novilladas de Las Ventas.


Click para ver al novillo presentado, que no toro.
El astado de arriba, que supuestamente puede pasar como toro en cualquier plaza del mundo, sale en novilladas con picadores en Madrid, hecho que para algunos supone un escándalo. ¿Y por qué? Hace un año El Juli trinó y se levantaron de inmediato las voces de rechazo, que en el fondo intentan limar las asperezas naturales de un rito de muerte con dichos reclamos, que evidencia la sugestión de culpabilidad que siempre encierra en la afición la muerte o desgracia del torero (Joselito, Manolete, Yiyo). Entonces es necesario preguntarse, ¿es ético enviar al novillero a estas novilladas de Madrid?

La tauromaquia es un ejercicio difícil, el torero ha de enfrentar tarde a tarde a una amenaza mortal, a la realidad de la muerte misma,  por lo que hablar de confort en estos temas resulta extraño, cuando menos engañoso. Pareciera que algunos pretenden que el novillero debe apartarse de esta realidad, máxime si olvidamos que precisamente ha de foguearse con la muerte para aprender a afrontarla. Es obvio que todo debe tener un enfoque gradual, esto es, que al becerrista que apenas lleve 10 paseíllos no se le puede hacer debutar con picadores en Las Ventas, pues no estaría en condiciones de lidiar.
Sin embargo, un análisis más minucioso nos explicará la naturaleza de estas novilladas; mi posición es que el problema no son las novilladas.

Para empezar, hay que dejar claro el respeto a todos los novilleros del mundo, que hoy no tienen que moverse entre el hambre y el desarraigo de las sociedades convulsas, como los maletillas, pero que sí deben hacerlo en una sociedad hostil contra el toreo cada vez más radicalizada. Precisamente ese respeto pasa por darles la medida justa, ser sincero con ellos y permitir que como siempre, sea el toro quien revele sus virtudes y defectos. Para eso son las novilladas de Las Ventas, Alternativas sin rito que dan la justa medida, revelan falencias a superar y descubren virtudes apreciables, todo como un ejercicio pedagógico.
Las novilladas de Las Ventas se presentan así como un ejercicio que pone en cintura y mide la realidad de cada tauromaquia de los novilleros, lanzando sobre ellos una advertencia sobre si tienen madera para torero o no, y bajo qué presupuestos, imposibles de ver en otras plazas, donde la especialidad es el olé incondicional y el aplauso de focas. Estas novilladas son una suerte de alternativa sin rito, y por ello importante como tauromaquia. Lo grave es confundirlo con un ejercicio de torismo despótico, como si pudiera decirse lo mismo de las anteriores tradiciones novilleriles taurinas: maletillas, Valle del Terror, capeas con vacas cinqueñas toreadas, los amigos muertos y la pobreza arreando.


Click. Previsualizaciones de los videos sobre novilladas de Madrid

Tras la introducción de las escuelas taurinas con la iniciativa del maestro Andrés Vázquez, se despojó al trámite de querer ser torero lo más áspero de su naturaleza, desde el hambre y la necesidad hasta la falta de pedagogía, la ignorancia a la hora de enfrentar esta u otra embestida o la falta de rigor en los métodos…todo ello atendiendo a un sentido de la humanidad y de la Academia que ciertamente es innegable en su bondad, pero que tampoco puede suavizarse hasta el punto de rasgarse las vestiduras por las novilladas de Madrid.

Las novillas de Las Ventas arrojan otros puntos críticos sin embargo, pues a mi parecer lo que está mal es que un novillo de Las Ventas goce de más trapío que muchos de los toros lidiados por aquellos que se molestan públicamente, para la muestra un botón:



Quizá también, que sean los novilleros quienes tengan que matar hierros de encastes minoritarios, por ejemplo, como las auténticas ráfagas de demonios que fueron los Moreno de Silva, que enviaron en dos novilladas a 9 toreros a la enfermería heridos, entre novilleros y subalternos, mientras otros arriba van tan cómodos; el hierro bravo y minoritario solo ve rentabilidad en la novillada, pues se ahorra uno o dos años de cría y es una opción real frente a la ausencia de compra de toros en el circuito mayor, monopolizado por el monoencaste; en un mundo justo, el hierro duro debería estar con el torero maestro. Lo anterior es quizá la única objeción moral contra las novilladas de Las Ventas, pero con obviedad, la culpa no es de los organizadores de las mismas:

Toro (jejej) de monoencaste, exultante de bravura.

 Las novilladas de Las Ventas deben ser defendidas pues se ajustan a la realidad de la Fiesta y de la primera plaza del mundo, mas sus criterios de selección en cuanto a actuantes, deben ajustarse a los novilleros punteros y con un bagaje comprobable; no he leído al primer novillero quejarse, y aunque la suspicacia impone que guardarían silencio para no enemistarse con el sistema, la verdad es que todos sueñan con una oportunidad de triunfo en Madrid, y si la sueñan, son conscientes de la intensidad del toro que allí sale, lo que hace grande el triunfo cuando pasa.

Así las cosas, hay que entender estos 3 principios: que la Fiesta no es un ejercicio fácil y de confort, por lo tanto la educación en la dureza es correcta; que lo malo es quién lidia estas novilladas complicadas, por lo que habría que pensar en organizar de una vez por todas el circuito novilleril atenidos a la realidad para que sean lidiadas por novilleros toreados;  y que lo único escandaloso de las novilladas de Madrid es que envían un mensaje sobre los toros que los del escalafón de arriba están matando. En consecuencia no hablamos de tamaños, volúmenes, metros de pitones ni demás memeces ultra toristas, sino del trapío que da la edad, pues no hay que obviar que en el fondo, la lucha contra los abusos de las figuras se reduce a la edad de los toros que lidian, edad que arroja unas hechuras imposibles de negar, y edad que cada vez más va bajando, junto al monoencaste, habida cuenta de que las juntas técnicas le rechazan los toros reseñados. Solo en la pasada feria de Sevilla, 32 toros de monoencaste fueron rechazados al no cumplir con las condiciones zootécnicas de trapío mínimas: 32 toros rechazados en tardes donde actuaban figuras, hecho sobre el que nadie se rasgó las vestiduras.

 Un torero en maestro debe lidiar corridas cinqueñas pues es el punto máximo de exigencia y maestría lo que ocurre en aquellos toreos con cinqueños. Un novillero se debe mover bajo la edad de los 5 años, o sea, dentro de los 4 y 3 años del toro. Lo inmoral es que se lidie la misma edad en novilleros y toreros, y por supuesto que la culpa aquí no la tiene ni el novillero, ni quien organiza la novillada. La culpa la tiene quien no se atiene a la lógica. Las novilladas de Madrid se atienen a la lógica, y es un ejercicio más inolvidable para el novillero, que moverse en un mundo que no lo prepare para ser matador de toros. Entiéndase que no es un llamado a la carnicería de muchachos con ilusiones.

En conclusión, la única objeción moral contra las novilladas de Madrid no son las novilladas mismas, sino el contraste que plantea entre lo que mata un novillero en la primera plaza del mundo, y lo que matan los primeros toreros del mundo, donde la inversión es clara. Rasgarse las vestiduras de tal manera, solo responde a un fondo en el cual ver tanta tauromaquia light ha hecho que fenómenos como la indultitis o el toro sin presentación tapado por el toreo de un espada, radica en obviar verdades profundas y violentas del toreo, que cuando pasan, generan rechazo generalizado, como por ejemplo estas novilladas.

Por sus cortas patas y lo estrecho de su columna, este Guadaira lidiado ayer en Madrid da cuenta de su condición: NOVILLO




viernes, 19 de abril de 2013

TRATA SOBRE LA CORNADA QUE SUFRIÓ EL JULI EN LA SEVILLANA MAESTRANZA, POLO TAURINO ALEJADO DE LA PROVINCIA LLENA DE LEPROSARIOS

La cornada de El Juli hoy en Sevilla sin duda es un hecho desgraciado para el torismo (o purismo, o integrismo, o cualquiera que sea la corriente de taurinos que intenten defender ciertos principios en la tauromaquia). Fundamentalmente, porque llenó de falsas razones a getas ignorantes y aprovechadas, y porque también impidió que el diestro de Velilla toreara la corrida de Miura el domingo.  Antes que nada, como taurino, expreso mi estupefacción y desazón ante el hecho del dolor humano, reacción que es espontánea y versa sobre la solidaridad que nos debemos unos a otros como seres de una misma comunidad moral: la humanidad. Por eso mismo, me repugna indeciblemente que algunos adalides del torerismo, se aprovechen de este gravísimo percance para fustigar a los toristas, integristas y puristas, a través de texto injuriantes, por demás plagados de ignorancia histórica y rencor crítico. Como entristece el hecho de la cornada, repugna que otros la aprovechen para atacar taurinos. Pero veamos de cerca una geta ignorante:


Click sobre la foto para verla grande y poder leer el genial texto
Este progenio, que califica de “lepra” a quienes ven 3 corridas menores en pueblos, como si en Cenicientos se supiera menos de toros que en México D.F., no solo peca de un petulante clasismo; sus incursiones poco afortunadas, incluyen genialidades como sacar tema para fustigar a quienes protestan en España por los desahucios, a partir de una media verónica de Morante. Su defensa a ultranza del torerismo y las figuras es tan respetable como la defensa del torismo y la diversidad de encastes en otros; allí hay un punto en el que el aprovechamiento del dolor humano, no puede ser un argumento torista, pero sí torerista. Por ello vemos este infortunado comentario de la geta ignorante, quien pareciera se congratulara de la cornada y la sangre humana, pues esto, se supone, es un argumento. Señor geta ignorante, vamos a acotar un poco se columna, le pido atención:

1)El toro que corneó a El Juli, un presentado animal de Victoriano del Río, ha sido declarado unánimemente por la crítica como MANSO. Desde Mundotoro hasta Ignacio Sánchez Mejías, esto es, desde la parcialidad hasta la imparcialidad, la crítica ha señalado que el toro manseó en el caballo, en la capa, en las banderillas, y en la muleta. Cuando eso sucede, regularmente el toro no es considerado como BRAVO; espero sepa entender tal principio. En consecuencia, si usted pretende demostrar la bravura y la peligrosidad del monoencaste basándose en un toro MANSO, el argumento se vuelve contra usted. Demostrar que una ganadería o un encaste tienen peligro, pero hacerlo a través de un toro manso, es tan descabellado como demostrar la seguridad de los viajes en avión, citando un accidente aéreo, o sea, se juega a la mentira más ridícula.


2) La “negativa lepra”, como llama usted a quien no confunde un manso con un bravo, por lo menos tiene un poco de juicio histórico: Granero no lidiaba los toros fáciles de su época, esa mentira es casi tan intragable como suponer que Paquirri era el maestro consumado de su era. Su comentario, que vuelve a Granero un ventajista y a Paquirri un torero de época, demuestra una vez más su ausencia de pudor para manipular los hechos en conveniencia a sus tesis: se mete usted con un herido actual, y con dos hombres muertos en el ruedo.

3) Si vamos a santificar a los toreros porque caen tras cornada y a las ganaderías porque sacan toros que dan cornadas, creo que debe invertir sus preferencias: las corridas lejos del monoencaste se lidian 4 veces menos, pero pegan muchísimas más cornadas. Las dos últimas grandes cornadas, las de Padilla y la del maestro Fernando Cruz, precisamente no fueron con toros de Domecq. No recuerdo haber leído su nota sobre la cornada a Fernando Cruz, una cornada en el vientre terrible y mucho más impactante que la de El Juli, pese a que según su método, cornadas a toreros significa que hay verdad. Por el contrario, usted no pierde oportunidad para pedir que se mande al matadero a todas las ganaderías que no son de encaste Domecq, petición tan increíble como verlo a usted en un restaurante raspando un postre, precisamente con los señores Domecq, por lo que habría que añadirle a sus virtudes, además de los profundos conocimientos en historia taurina, y respeto a la provincia, la virtud de ser un periodista imparcial. La cornada de El Juli nos aterriza en una verdad más profunda: que precisamente el toro cornea, es su deber.

4) Exige respeto para la sangre de El Juli, pues yo se lo exijo también para que no la utilice como tinta de su tintero para insultar a los demás.

La cornada; puede verse la boca y los belfos del toro retratados en la tela.

Tan sencillo como esas 4 cosas: el toro era manso, un toro manso no prueba la bravura de nadie, la historia no se puede mentir, y hay que tener la suficiente altura para no aprovecharse del dolor humano. Lo del señor Paco Mora, recuerda el oportunismo de Nat Geo y de Purina, quienes publicaron la foto de la cornada a pesar de no tener nada que ver con la antropología naturalista o la comida para perros, del mismo modo que lo de Paco Mora no tiene nada que ver con saber de toros.

¿Por qué el toro corneó a El Juli? Por la misma razón que un toro de la misma ganadería le perforó a Castella una pierna hasta llegar a tocar el hueso pubis el año pasado: los Victoriano del Río son toros de cabeza aparatosa y loca, sin líneas armónicas de cuello, y que por ello, naturalmente se defenderán revolviendo su cabeza, razón ésta por la que necesitan un fuerte puyazo, o sea, un tercio de varas al derecho y al revés. Las figuras no pueden hacer un tercio de varas digno, porque se quedan sin toro. Según un terrible principio matemático, restarla la mitad a algo que ya es una mitad, da como resultado quedar con un 0 (cero, señor Mora). Si a eso le sumamos que el toro es manso, y que El Juli en una muestra de pudor quiso meterlo en la muleta para lograr torearlo, pero lo hizo con su estilo, que deja una larga distancia entre el torero-tela y el toro, pues tenemos que la ventana quedó abierta para la infortunada cornada. Si algo hay que reprocharle a El Juli, es que no se haya doblado primero con el toro. Y hasta aquí puede llegar cualquier comentario sensato y educado sobre la cornada. De perros sin gracia es usarla para legitimar principios, pues esto es pisotear la sangre de El Juli.

Inicié este pequeño desagravio diciendo que quienes más lamentan que El Juli haya sido cogido son los toristas. No me considero torista a ultranza, pero entiendo que la tauromaquia atraviesa por un momento definitivo. Estamos a semanas de que desaparezca el encaste Coquilla, y a meses de que pase lo mismo con Urcola, y a poco menos tiempo de que pase con los Gallardos de Partido de la Resina. Los toros están muriendo en el matadero, y si perdemos la diversidad de encastes, y el encaste Domecq toca su techo, nos daremos cuenta de que ya no tenemos toros para torear. Por eso encuentro ciertas reivindicaciones como válidas: los toristas piden diversidad de encastes. Hoy, solo dos hechos pueden ser gestas de verdad: El Juli toreando y triunfando con los Miuras, y Fandiño por la puerta grande de Las Ventas; si una de estas gestas se cumple, consumaríamos una época entera: unir la historia del torerismo y el torismo, o sea, la historia de la bravura pura y la del arte puro. Un hado infortunado nos privó de la primera gesta.

Con la boca llena de sangre y su pierna derecha perforada, lejos de imaginar que su cornada será usada por revisteros para criticar a quienes le aplaudieron de pie cuando lidió Guardiolas, Miuras, Victorinos y demás.